Todavía no conocemos el texto completo, pero ya sabemos que existen resistencias entre los aliados de Morena para aprobar la reforma electoral propuesta por la presidenta Sheinbaum, al parecer, sus hasta ahora aliados dejarían de recibir ciertas canonjías tanto monetarias como en curules y escaños, ni hablar de gubernaturas, alcaldías y otros puestos menores.
En palabras de Morena y los suyos, el PVEM y el PT gritan porque se les acaban sus privilegios en caso de pasar la reforma.
Con todo y que me parece que eso es lo más visible en la reforma, existen algunos otros puntos en los cuales deberíamos fijarnos, por ejemplo, en la forma en que se elegirían los plurinominales, hoy, existe una lista por cada una de las circunscripciones, 5 en el país, mediante la cual, en virtud del número de votos recibidos por cada partido en las elecciones para diputados y senadores, se selecciona quienes alcanzan a ingresar a alguna de las Cámaras.
Al parecer, la nueva propuesta consiste en que ya no ocurra así, y que una parte de los diputados plurinominales esté compuesta por aquellos que quedan en segundo lugar en la elección distrital y otra parte con voto directo de los electores, lo que abre la puerta a los acordeones esos que no existieron en la elección judicial. Nos dicen que es para evitar que las cúpulas de los partidos dominen a estos, pero no nos aclaran que eso es tanto como querer dirigir a todos los partidos desde el gobierno.
Este simple cambio promueve que el partido en el poder sea beneficiado, sobre todo dada la extensión territorial y distrital en donde ahora gobierna, tendría todas las ventajas, incluyendo presupuestales, pues, aunque se niegue, los programas sociales y apoyos extra legales fluirían en favor de los candidatos de tal partido.
Ni hablar del recorte presupuestal a los partidos, no porque me parezca barato lo que se les da, sino porque si se les quita financiamiento, nos enfrentaríamos a un piso extraordinariamente disparejo por lo señalado en el párrafo anterior.
Pero hay algo más importante: la desaparición del PREP.
El PREP, o Programa de Resultados Preliminares, es un ejercicio de transparencia que permite seguir en tiempo real la captura de las actas de escrutinio que se realiza en cada una de las casillas, aún antes de que sean llevadas a las sedes distritales.
En caso de que desaparezca este mecanismo, tendríamos que esperar a que las autoridades electorales nos digan que ya concluyeron los cómputos y cómo quedó la votación total, una opacidad que de alguna manera habíamos dejado atrás después de la llamada “caída del sistema” en 1988.
Y sería aquel partido que domine el Instituto Nacional Electoral quien tenga la sartén por el mango, dejando casi inservible todo el proceso que se realiza en cada una de las casillas, así como la participación de los ciudadanos en el proceso electoral.
Recordemos que, en una situación de este tipo, como decía Stalin, “lo importante no es quién vota, sino quién cuenta los votos”.
Y sí, nos quieren vender, como casi todo cambio que hacen, que se trata de ahorrar dinero, como si lo hubieran logrado en los últimos siete años pero, como dice el refrán, “a veces lo barato sale caro”.