"Yo veo un México con hambre y con sed de justicia, un México de gente agraviada, por las distorsiones que imponen a la Ley quienes deberÃan de servirla, de mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales", este es un fragmento del último discurso que dio Luis Donaldo Colosio Murrieta un 6 de marzo de 1994, dÃas antes de que le dispararan un 23 de marzo de ese mismo año al acabar un mitin en Tijuana.
Al observar hace poco el video, el rostro de Luis Donaldo reflejaba verdadera preocupación por un pueblo encerrado en la corrupción, y hoy 29 años después, el pueblo lo vive y lo sigue padeciendo.
Ese discurso ha sido uno de los más emblemáticos y crÃticos de un candidato a la presidencia hacia el sistema polÃtico mexicano, pues fue crÃtico también de su propio partido, ya que hasta ese momento sólo el PRI tenÃa el poder en la silla presidencial y en la mayorÃa de las gubernaturas.
Esa misma hambre y sed de justicia a la que hacÃa mención Colosio, se expresa en muchos rostros de los mexicanos en la actualidad ante tanta inseguridad y pocos resultados en temas como desaparecidos y desaparecidas, feminicidios, crÃmenes, discriminación por raza, origen o identidad de género; en fin, un pueblo indignado donde el gobierno ha tomado sólo algunas acciones, pero que no son suficientes y no hay grandes logros en justicia.
Pero las palabras de Colosio no mueren. Ahora los mexicanos podemos alzar más la voz (si podemos llamarle asÃ, pues se siguen callando voces), los mexicanos buscamos justicia para tanta violencia que se vive dÃa tras dÃa, pues el pueblo sigue siendo engañado y hasta burlado por las autoridades.
Esto no es cuestión nada más del Ejecutivo, sino que involucra desde hace años a alcaldes, gobernadores y todos los mandos en materias de derechos humanos y seguridad.
Cuando no se aplica la ley y no se ejercen los derechos para un pueblo, al pueblo no le queda más que hacer justicia por su propia cuenta o buscar sus propios medios, lo que también es muy delicado.
Por eso urge responder al llamado de hambre y de justicia, como en aquel discurso de Colosio, hacer de la impartición de justicia una instancia independiente que garantice el derecho a la justicia que deberÃa tener toda persona, todo mexicano.
“Reitero que provengo de una cultura del esfuerzo y no del privilegio. Como mis padres, como mis abuelos, soy un hombre de trabajo que confÃa más en los hechos que en las palabrasâ€, expresó Colosio al final de su discurso.
“Pero por eso mismo, soy un hombre de palabra, un hombre de palabra que la empeño ahora mismo para comprometerme al cambio que he propuesto: un cambio con rumbo y con responsabilidadâ€, concluyó.
No han perdido vigencia las palabras de Colosio: tan distante y tan actual.