Hace unos dÃas, uno de mis clientes me hizo una pregunta que seguramente muchos empresarios también se hicieron: "Oye, Verónica, ¿por qué el Pato MerlÃn sà pegó? Yo hasta hice al Checo BaterÃas para mi negocio y nunca funcionó. ¿En qué fallé?"
La respuesta es sencilla: No falta creatividad, falta identidad.
Y es que cada vez que aparece un fenómeno viral, las marcas creen que existe una fórmula secreta. Empiezan a preguntarse quién diseñó la campaña, cuánto invirtieron en publicidad o qué estrategia hubo detrás, pero la realidad es que muchas veces no hubo nada de eso.
Los mercadólogos a veces olvidamos que las personas no se enamoran de las estrategias, se enamoran de las historias que sienten auténticas, por eso la mayorÃa de las personas conectaron con el Pato MerlÃn.
Lo más hermoso de esta historia no es el pato, sino la familia detrás de él. MerlÃn acompaña a Cristian y a su madre, Karla Gómez, en su dÃa a dÃa, reflejando la realidad de miles de familias mexicanas que trabajan incansablemente para salir adelante. Detrás de su popularidad hay una historia de esfuerzo, amor y de padres que, aun en medio de largas jornadas, encuentran la manera de regalarles momentos felices a sus hijos.
Por eso las empresas, comercios, creadores de contenido y hasta figuras públicas quisieron subirse a la tendencia. Algunos lo hicieron muy bien. Otros simplemente parecÃan llegar tarde a la fiesta.¿La diferencia?, la autenticidad.
Y es que el consumidor que, hoy tiene acceso a internet y redes sociales, es muy diferente al consumidor de los 80’s, cuando el fenómeno mediático era construido por los medios masivos. Hoy vivimos rodeados de publicidad. Todos los dÃas vemos cientos de anuncios, promociones y publicaciones, y la gente ya aprendió a detectar cuándo una marca solo quiere venderle algo.
Asà que cuando aparece un contenido que se siente espontáneo, imperfecto y cercano, baja la guardia y conecta Eso fue lo que hizo el Pato MerlÃn.
Pero además ocurrió un fenómeno todavÃa más poderoso. Las personas no solo compartÃan un meme; compartÃan la sensación de pertenecer. Se reÃan, se emocionaban al verlo, salÃan a buscarlo para tomarse una fotografÃa y seguÃan cada una de sus apariciones. Lo que comenzó como un contenido viral terminó convirtiéndose en una conversación colectiva. Medios de comunicación buscaron a sus dueños para contar su historia, los invitaron a programas de televisión y, finalmente, hasta la FIFA lo nombró embajador del Mundial 2026. En ese momento, el Pato MerlÃn dejó de ser simplemente una tendencia para convertirse en un sÃmbolo con el que miles de personas se identificaban.
Y justamente ahà se encuentra la lección que muchas marcas no terminan de comprender. Cuando observan un fenómeno como éste, suelen pensar que el éxito está en el personaje, en el formato o en la tendencia misma. Creen que basta con utilizar el mismo audio, replicar el mismo contenido o sumarse a la conversación para obtener el mismo resultado. Sin embargo, las tendencias no funcionan como una receta de cocina.
Lo que conectó con las personas no fue únicamente el pato, sino todo lo que representaba: autenticidad, cercanÃa y una historia real detrás de él. Por eso, cuando una marca participa con naturalidad, entendiendo el contexto y aportando algo propio, la audiencia suele recibirla con entusiasmo. Pero cuando la intención parece limitarse a aprovechar la moda para ganar unos cuantos "likes", el público lo detecta de inmediato.
La razón es simple: en una época saturada de mensajes publicitarios, las personas valoran mucho más la coherencia que la perfección.
Durante años pensamos que el reto era crear campañas cada vez más llamativas. Hoy el verdadero desafÃo es otro: construir marcas con personalidad suficiente para generar conversaciones auténticas.
Porque al final, la viralidad puede durar unos dÃas. La identidad permanece.
Todos los comentarios son bienvenidos a veronica@vaes.com.mx
Nos leemos la próxima vez. Hasta entonces.