Desde hace varios a帽os, el espect谩culo del Super Bowl ha sido un term贸metro cultural: un lugar donde la m煤sica, la publicidad y los mensajes sociales se entrelazan frente a millones de espectadores, y en la edici贸n n煤mero LX donde los Seahawks enfrentaron a los Patriots, Bad Bunny encabez贸 el espect谩culo del medio tiempo y, como era de esperarse, gener贸 tanto entusiasmo como controversia. Desde la 贸ptica de la mercadotecnia y el periodismo, su presencia es un caso fascinante para analizar.
Y es que de acuerdo con la agencia Reuters, el Super Bowl es clave para la publicidad porque sigue siendo uno de los eventos televisivos m谩s vistos del a帽o, con m谩s de 120 millones de espectadores en EU, lo que ofrece exposici贸n masiva y cultural para las marcas. Esto lo convierte en una plataforma donde una campa帽a puede generar conversaci贸n, recuerdo de marca y presencia en medios y redes por semanas.
En ese sentido no hay duda de que Bad Bunny es un fen贸meno de ventas. Sus conciertos se agotan en minutos, sus discos rompen r茅cords y sus colaboraciones impulsan marcas. Desde el punto de vista comercial, su alcance y capacidad de conectar con audiencias j贸venes, especialmente latinas, es envidiable. Su m煤sica y su imagen generan conversaci贸n, algo que cualquier profesional del marketing so帽ar铆a con replicar.
Y es en ese punto donde la coherencia se pone a prueba. El artista se presenta como un s铆mbolo de orgullo latino y de uni贸n de la comunidad, pero tambi茅n proyecta mensajes que muchas veces chocan con esos valores. Sus canciones cosifican a la mujer, y sus coreograf铆as y letras son expl铆citas, poco familiares y, a veces, vulgares. Si bien es cierto que vende, no todo lo que vende necesariamente comunica calidad, integridad o coherencia de marca.
Como mercad贸loga, observo que los grandes mensajes requieren consistencia. Marcas, artistas o empresas que buscan generar identificaci贸n con su p煤blico no pueden aspirar solo a volumen de ventas; necesitan que sus valores est茅n alineados con sus actos. En este sentido, Bad Bunny encarna un fen贸meno interesante: representa orgullo y visibilidad latina, pero al mismo tiempo, reproduce estereotipos y comportamientos que contradicen la uni贸n y respeto que su narrativa aspiracional sugiere.
Desde un an谩lisis social, su actuaci贸n en el Super Bowl tambi茅n refleja una tendencia: el entretenimiento masivo prioriza impacto y viralidad sobre coherencia 茅tica. Y como consumidores, debemos ser conscientes de ello. Podemos admirar su talento, reconocer su influencia y celebrar sus logros, pero tambi茅n cuestionar los mensajes impl铆citos en su m煤sica y sus presentaciones.
Bad Bunny confirma que el 茅xito comercial no siempre es sin贸nimo de calidad ni de valores coherentes. Y aunque venda millones, a m铆 su espect谩culo no me convenci贸: construir marca no es solo generar n煤meros, es sostener un mensaje 铆ntegro.
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Nos leemos, la pr贸xima vez. Hasta entonces.