La nueva normalidad

AMLO está determinado a conducir a México a esa “nueva realidad”, que parece ser la del pensamiento mágico, la de los profesionales innecesarios y la del par de zapatos hasta que se gasten las suelas.
18/05/2020

“Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, incipe.
Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza" Horacio, Epístola II

 
En tiempos en los que la irracionalidad gana terreno en detrimento de la reflexión, quisiera invocar a uno de los movimientos intelectuales que más contribuyeron a cambiar la Historia de la Humanidad. Me refiero a la Ilustración, ese sistema de ideas y de valores cuyo lema, “Sapere aude” (Atrévete a saber), procede de la cita que antecede este texto. Ese movimiento contribuyó, y de qué manera, al abandono del oscurantismo absolutista y a la construcción de la sociedad en que vivimos, que, con todo y sus defectos, convendrá el lector en que es bastante más libre que la del siglo XVIII, y no digamos que la del Medievo. Fue la puesta en valor de la actitud individual del hombre ilustrado, del deseo de conocimiento racional, la que inició el camino de nuestros modos de gobierno contemporáneos. Montesquieu configuró un sistema de equilibrios y contrapesos cuya expresión más conocida es la separación de poderes, fundamento sin el que todo gobierno dizque democrático está expuesto a la tentación totalitaria del ejecutivo. Más, si ese puesto es ocupado por un líder cuya mentalidad es proclive a tales inclinaciones, que son algo más que veleidades.
 
Digo todo esto porque López Obrador comunica pensamientos irracionales con tal rapidez que apenas deja dos opciones de interpretación: o va camino, cosa que dudo, de perder el juicio, o todo obedece a una estrategia muy calculada para imponer una agenda que en otras circunstancias encontraría mucha más oposición. Les hablo de ese término, la “nueva normalidad”, que todos parecemos estar aceptando sin que nadie se pregunte por qué se ha adjetivado lo que es un simple sustantivo. Es de suponer que el ciudadano desee regresar a “la” normalidad, no a ese concepto incógnito y nuevo que, por otra parte, nadie nos explica. Dejemos claro, antes de continuar, que según la medición de SABA Consultores del día 15, la popularidad de AMLO sigue intacta, monolítica y sólida como una roca. Sus seguidores no se muestran inquietos con él, que es al cabo el responsable de la gestión de la situación, a pesar de que la novedad primordial de esos datos es que se ha pasado de un sentimiento predominante de impaciencia por el confinamiento al de angustia ante la situación económica. Posiblemente lo primero era antesala y causa de lo segundo. En otras palabras, la confianza en el líder, en el “conducator”, no se deteriora ni un ápice. Mi respeto es absoluto para quienes así opinan, pero me temo que seguimos moviéndonos en el terreno de la paradoja, fenómeno que acompaña a AMLO desde la campaña, y según el cual un amplio porcentaje de personas le otorga su apoyo a pesar de no estar de acuerdo con él. Se acepta lo que diga y no importa lo que haga, lo dice Andrés Manuel, creamos en él.
 
Esto se extiende, naturalmente, a López-Gatell, el nuevo gurú de la 4T, de cuya capacidad científica, he de insistir una vez más, no tengo duda. Pero para no hacer el cuento largo hoy me detendré en apenas dos pinceladas: ni la curva se está aplanando ni la perorata diaria de las siete de la tarde resulta fiable. La conferencia de prensa debería comunicar los datos relevantes, por más que sean desagradables, en lugar de un aluvión abrumador de números accesorios y un desfile de personajes que asienten cuanto dice el Subsecretario en un ejercicio de autocomplacencia que a veces produce vergüenza ajena. Solo esta semana, hemos asistido por tres veces al récord de fallecimientos diarios, que nunca se ha mencionado, a pesar de las seis horas de homilía del padre Hugo y sus diáconos. Ni qué decir tiene que tampoco se ha mencionado que las series del número de muertes están agudizando su tendencia, es decir, la curva de defunciones se está elevando en lugar de aplanarse. Por decir sólo uno de los muchos elementos distractores utilizados, mencionaré el sorprendente concepto de “fallecidos sospechosos”, nunca aclarado ni ponderado. ¿Es que se hacen análisis post mortem, cuando ni siquiera está generalizada la prueba entre la población que afortunadamente está viva? De ser así, ¿cuántas muertes están quedando sin contabilizar por no poder o no querer hacer esa comprobación? Me recuerda una anécdota policial, en la que un informe forense aseveraba que “el sujeto se hallaba con la cabeza separada del tronco, y al parecer cadáver”. Todo quedó aclarado cuando el prolijo agente puntualizó a su superior que el tronco al que se refería no era el del finado, sino el de un árbol que se hallaba en el lugar de los hechos. Así sí.
 
Es el estilo López Obrador, que sigue fielmente Gatell. El de la irracionalidad, que sigue siendo sorprendentemente aplaudida por un público obnubilado. Créanme si les digo que sería muy de mi agrado enumerar aquí una serie interminable de decisiones acertadas y coherentes que hicieran de AMLO un ejemplo de liderazgo y capacidad mundiales. Pero el carácter descabellado de sus alocuciones es verdaderamente inquietante, y como se me hace imposible pensar que todo se debe a la ignorancia, he de regresar de nuevo a la hipótesis de que estos elementos distractores son fuegos de artificio encaminados a ocultar los pasos que nos llevan a esa “nueva” normalidad, que además es un concepto que no sólo se maneja en México, para desgracia de otros países. Sin ánimo de ser exhaustivos, repasemos algunas demostraciones de “músculo” de Andrés Manuel, sólo esta semana. Una de ellas, especialmente infame, y por partida doble, se ha dirigido nada menos que contra los médicos, con la carga de inoportunidad y cinismo que conllevan las circunstancias que atravesamos: acusar al colectivo de moverse por intereses económicos, y a los dos días anunciar un paupérrimo seguro de vida “gratuito y retroactivo” por el astronómico importe de 50.000 pesos es auténticamente miserable. Lamento no encontrar otro adjetivo más suave. En esa línea de insensatez, también aseguró que los profesionales técnicos están sobrevalorados, o más bien no son necesarios, lo cual se comenta solo. Recuerden también que declaró a boca llena que los mexicanos deben conformarse con un par de zapatos, y que lo demás eran lujos superfluos. Qué decir de su teoría conspirativa que implica a cuatro diarios líderes de la prensa internacional, al parecer al servicio de los intereses de la oligarquía, cuando Andrés es el paladín de la lucha contra ella: recuerden que el enemigo exterior es imprescindible para todo planteamiento totalitario. No dejó sin ración a las mujeres, asegurando que nada menos que el 90 % de las llamadas de denuncia por violencia de género son falsas. Con todo esto casi se nos olvida el feo asunto de Bartlett, cuyo currículum como dinosaurio de la época más oscura del peor priísmo no tiene desperdicio, y su sola presencia en el entorno del Gobierno Federal debería generar sospechas sobre el modelo político que pretende emular el Presidente. Eso dejando en el tintero el asunto de sacar al ejército a la calle, en una demostración de otra gran especialidad de AMLO: decir digo donde dijo diego. Me resisto a creer que el 62 % de los mexicanos estén de acuerdo con esa serie de dislates. Está triunfando la paradoja irracional de la fe ciega en el líder que nos hace comulgar con ruedas de molino.
 
Quizá, y precisamente, ese sea el objetivo: que pasemos por alto vigas y nos detengamos en la paja. La vaguedad con apariencia de detalle del plan sobre la “nueva normalidad” responde igualmente a esas características. Porque, deliberadamente, he querido hacer un aparte en el asunto de la amenaza al Reforma. Eso, las amenazas a la prensa, ya formaba desgraciadamente parte de la normalidad de siempre. Lo que es totalmente nuevo es que el Presidente de la República, en conferencia de prensa, no condene inmediatamente la coacción, y en lugar de ello se limite a hacer una serie de consideraciones sobre el Grupo Reforma que únicamente lo señalan como objetivo y contribuyen a justificar el acto delictivo. El mensaje es: no fuimos nosotros, pero se lo han buscado. Un jefe de la ndrangheta calabresa no lo habría hecho mejor. Es sencillamente repugnante.
 
AMLO sigue con su plan, porque la contingencia le ha venido “como anillo al dedo”. Pero hay cambios en el “Top of mind” que debería tomar en cuenta: las mentiras del Gobierno entran a primer término, y también los fallecidos por el coronavirus. Puede ser el anticipo de una crisis de credibilidad, pero hay que ser prudentes en este pronóstico, porque al mismo tiempo la desaprobación tiene un leve descenso. Otra cosa es que quienes lo desaprueban no aumenten en número pero sí en actividad. En la medida en que se propague ese estado de opinión, podremos hablar de si afecta o no a la popularidad de Andrés Manuel. A él, desde luego, le hace lo que el viento a Juárez: está determinado a conducir a México a esa “nueva realidad”, que parece ser la del pensamiento mágico, la de los profesionales innecesarios y la del par de zapatos hasta que se gasten las suelas. Por eso apelo al recuerdo de la Ilustración, tal vez porque la reacción de la intelectualidad mexicana, aunque no la exime de la gran responsabilidad de haber contribuido al advenimiento de este régimen, puede al menos ser la llave para que no obtenga unos objetivos cada vez más sospechosos. El agudo incremento de la preocupación económica es verdaderamente trascendente, en la medida en que supera, nada menos, que a la inquietud por la inseguridad. Pero la hecatombe económica irá lamentablemente de la mano de la violencia, y los daños, para los que la ausencia de plan es clamorosamente alarmante, se van a vivir en primera persona. Los continuos ataques del Presidente a la libertad de expresión y de prensa exigen el máximo compromiso. La “nueva normalidad” es la del par de chanclos sin recambio. Atrévanse a saber. Empiecen.

adolcafe@yahoo.es
 



ADOLFO GONZÁLEZ reside en España, y es analista político especializado en la interpretación de la metodología de Saba Consultores de medición de la opinión pública.

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente el punto de vista de MOBILNEWS.MX

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