“Ganará quien sepa cuándo luchar y cuándo no hacerlo”, Sun Tzu (El arte de la guerra).
Cuando, por fortuna y hace ya bastantes años, empecé a conocer y tener relación con México y los mexicanos, tardé algún tiempo en comprender el significado de la expresión “ahorita”. Andando los años, entendí que ese vocablo poco o nada tenía que ver con el ahora, y sí con un futuro indeterminado, incluso incierto, pero en todo caso con tintes dilatorios. Si se quería asegurar que el hecho se estaba produciendo, era mejor decir “en este momento”. Así que para hacerme entender por mis amables lectores de México, he querido reforzar el “ahora” del título de este artículo con el adjetivo “mismo”, que no es más que un pleonasmo para reforzar que cuanto se diga sí que está ocurriendo mientras se dice. Mientras usted me lee. Por ejemplo, en este momento es probable que esté sucediendo un homicidio doloso, o quizá un feminicidio, si tenemos en cuenta que la pasada semana se produjeron 433. Es decir, 61 diarios, entre dos y tres por hora. Así que, a poco que le invierta usted unos minutos de su tiempo a la lectura de este artículo, mientras lo hace se producirá un asesinato en su país.
Los datos de homicidios son los únicos que está analizando y publicando ahora SABA Consultores. Puede parecer un contrasentido decir que la evolución es buena, pero lo cierto es que lo es, en términos relativos, como decíamos la pasada semana. Demos margen de maniobra a García Harfuch, porque se atisba una tendencia a la baja, que de continuar, indicaría que la estrategia está dando frutos. Ya que no podemos pedir prisa a un problema estructural de la dimensión de la inseguridad, al menos pidamos que no haya pausa. Porque, ahora que navegamos a estima, si especulamos con posibles motivos para un refuerzo en la aprobación a Claudia Sheinbaum, uno de ellos es sin duda el éxito en la seguridad pública. En esas estábamos, cuando volvió a escena el Mayo, poniendo en un nuevo brete a la mandataria, y generando distorsión en la ya de por sí intrincada situación de las relaciones bilaterales con Estados Unidos.
Harfuch y Ebrard son los representantes de México en las primeras reuniones con la Administración Trump, confirmando lo ya sabido: seguridad y economía serán ejes de la negociación, con el telón de fondo de la migración. No podemos olvidar que, a nivel interno, la situación estadounidense también es delicada. Pero a pesar de que, como acertadamente señala el Dr. Alfredo Cuéllar, es probable que se intensifique la polarización en USA, no podemos olvidar que Trump (y de su mano, Musk) no hacen más que hacer cierto lo que ya se anunció en campaña. Es decir, muchos ciudadanos estadounidenses respaldan sus decisiones, que nos gusten o no, son soberanas. Por ejemplo, la disminución de la tensión bélica golpeará a la industria armamentística, con lo cual, y es en esto en lo que difiero de mi amigo Alfredo, difícilmente se puede generalizar en cuanto a que Trump va a dar carta blanca a los ricos. No a todos. Por otra parte, el interés de México debería también centrarse en el control de la entrada ilegal de armas a su suelo, una contrapartida que puede y debe exigir a la administración USA. Recordemos, por ejemplo, el escándalo de la ATF bajo la administración de Obama y la firma de Hilary Clinton, ambos mil veces santificados y alabados.
Porque no le quepa duda, amable lector mexicano, de que ahora mismo, mientras lee, algún arma de procedencia estadounidense está siendo disparada causando dolor y muerte en cualquier punto de su país. Puede que en Culiacán, pero puede pasar en cualquier momento en la puerta de su casa. Parece que “mexican lives don´t matter”, y cambiar eso también es misión del gobierno de México. Si Trump señala que dicho gobierno está coludido con los narcos, hay que demostrar que tal baldón es falso, no porque lo diga Trump, sino porque muchos ciudadanos mexicanos así lo sospechan también, con más o menos disimulo. ¿Molesta que los cárteles sean denominados terroristas? Lo que han de hacer Claudia y Harfuch no es sacar pecho con un nacionalismo demagógico, sino con incautaciones, detenciones y resultados. Insisto, no por Trump, sino por los votantes que los han puesto donde están.
No dejemos en el tintero el problema migratorio. Para muchos mexicanos, la muerte y la miseria son algo cotidiano, y por más que nos digan, la 4T no ha puesto a los pobres primero. De ser así, los migrantes no arriesgarían su vida ni pondrían en juego sus escasísimos medios para cruzar al gabacho en busca de aquello de lo que carecen en su patria. Tenga la seguridad, querido lector, de que ahora mismo, mientras usted lee, algún compatriota suyo está en esas terribles circunstancias. La exaltación del nacionalismo debería empezar por ahí: generar las condiciones en suelo mexicano. Eso, en lugar de llenarse la boca con reivindicaciones de cara a la galería y demás brindis al sol. Vergüenza sobre cuantos gobernantes han obligado por décadas al éxodo de millones de compatriotas. Nos guste o no, y debería gustarnos, luchar contra la ilegalidad es luchar contra la precariedad y el abuso. Lo que hace falta son programas serios de cooperación y desarrollo, y atender debidamente a los integrantes de la diáspora. Ellos son los grandes olvidados, excepto para presumir de las remesas, cuyo enorme volumen es precisamente la expresión más evidente de una dependencia económica estructural.
Para que se atisben vías de solución a todo ello, Claudia Sheinbaum, como ha apuntado Francisco Labastida en su interesante autobiografía (“La duda sistemática”), “debe deshacerse de su herencia maldita”. Coincido con él, aunque cabría decir que en su momento él no fue capaz de hacer lo propio con el legado de la “dictadura perfecta”, entre otras cosas por el hartazgo de la población y porque los dinosaurios del PRI lo impidieron. Después, vino la gran decepción de la alternancia y el regreso de muchos de los mismos perros con el collar guinda de la 4T. AMLO fue un fanático que, como todos ellos, vivió pendiente de su onanismo moral (Emilio Lara dixit). Si Claudia quiere ser otra cosa, su gran problema son las malas compañías que le rodean al interior de su partido, que forman parte de la herencia envenenada de su predecesor. Y que, mientras escribo y mientras usted lee, le están generando muchas dificultades, añadidas a las que ya tiene. Lo que no tengo claro es si realmente desea deshacerse de todo ello. Por ahora, lo urgente no la está dejando hacer lo importante.
El gran problema de Claudia Sheinbaum son las malas compañías que le rodean al interior de su partido, que forman parte de la herencia envenenada de su predecesor.
25/02/2025