El país que castiga a las personas por su tono de piel

Aunque la prensa dedica espacios a historias como las de los hermanos Santiago Margarito, es poco el interés por los indígenas en nuestro país.
05/10/2020

George Floyd estaba en su auto la noche del 25 de mayo, en Minneapolis. Precedida por luces azules y rojas girando en la oscuridad, una patrulla de polic√≠a se aproxim√≥ a su veh√≠culo. Mir√≥ a los oficiales y comenz√≥ a hablar con ellos; no lo sab√≠a, pero eran los √ļltimos rostros que ver√≠a antes de morir.

Minutos después de encontrarse, los policías pidieron una ambulancia porque Floyd se había desmayado. Ese fue el reporte que hicieron al hospital. George Floyd, un afroamericano de clase trabajadora, yacía en la calle, inconsciente.

Pero un video transmitido en vivo por Facebook contaba otra historia. En las im√°genes vistas por millones de personas, Floyd estaba vivo, tirado boca abajo y maniatado, mientras el oficial Derek Chauvin presionaba la rodilla sobre su nuca.

‚ÄúNo puedo respirar‚ÄĚ, dijo el detenido. Chauvin mantuvo su rodilla sobre la humanidad de Floyd. Minutos m√°s tardes, en el hospital, lo declararon muerto.

Esa misma noche comenzaron las manifestaciones de repudio en Minneapolis. Miles de personas, a su paso por la ciudad, gritaron la frase ‚ÄúBlack Lives Matter‚ÄĚ (la vida de los negros importa). En respuesta, las autoridades anunciaron una investigaci√≥n a los polic√≠as se√Īalados.

Y brotaron manifestaciones al otro d√≠a, y al otro y al otro, pero ya no limitadas a Minneapolis. Las marchas se multiplicaron en cien ciudades de Estados Unidos hasta el 31 de mayo. Impresa en sus camisetas, ni√Īos y adultos, blancos y negros, marcharon con las √ļltimas palabras dichas por Floyd ‚ÄúI can¬īt breath‚ÄĚ (no puedo respirar). Las protestas contra el racismo cubrieron Atlanta, Baltimore, Charlotte, Chicago, Detroit, Fort Lauderdale, Indian√°polis, Las Vegas, Los √Āngeles, Louisville, Miami, Nashville, Nueva York, Filadelfia, Phoenix, Pittsburgh, Portland (Oreg√≥n), Salt Lake City, San Francisco, Seattle, Tulsa y Washington, D.C.

Superadas por asalto, las autoridades decretaron toque de queda en 12 ciudades.

De esa magnitud fue el rechazo de los ciudadanos al racismo, la brutalidad policiaca y hasta la desigualdad. En tiempos de pesar, de crisis y pandemia, cuando la gente espera m√°s de sus gobiernos, recibe toletazos o la muerte. A√ļn hoy, en barrios alejados, en zonas deprimidas, contin√ļan los abusos a los pobres, los afroamericanos y los latinos. Y, del mismo modo, al d√≠a de hoy, las personas dignas de la Uni√≥n Americana salen a las calles a exigir respeto y cantar ‚ÄúBlack Lives Matter‚ÄĚ.

* * *

En Aquismón, San Luis Potosí, los hermanos Venancio, Jaime y Gregorio Santiago Margarito, indígenas tenek (o huastecos), se ganaban la vida como guías de turistas en una de las zonas naturales más hermosas de México. Pero la pandemia del Covid-19 los dejó sin visitantes y, en consecuencia, sin sustento. Para poder alimentar a sus familias, tuvieron que viajar a Monterrey en busca de empleo.

Los hermanos se reunieron con otro paisano, Claudio Reyes, en la capital de Nuevo Le√≥n. Recomendados por este √ļltimo, los cuatro comenzaron a trabajar como alba√Īiles en una quinta en construcci√≥n al sur de la ciudad.

A los 15 d√≠as de su llegada, la noche del 26 de septiembre, Gregorio Santiago Margarito, de 20 a√Īos, y Claudio Reyes, de 41, cayeron muertos de tres o cuatro balazos por la espalda (seg√ļn las primeras versiones), en la misma construcci√≥n donde laboraban. Jaime y Venancio, hermanos de Gregorio, iban a dar al hospital, heridos de gravedad.

Los disparos salieron de las pistolas de polic√≠as estatales conocidos como Fuerza Civil. Dos oficiales hab√≠an llegado a revisar el sitio de la obra donde estaban los trabajadores. Como era su d√≠a de descanso, hab√≠an bebido cerveza. Luego, tal vez en un altercado, los oficiales descargaban 13 veces sus armas sobre los alba√Īiles.

Para Aldo Fasci Zuazua, secretario de Seguridad P√ļblica de Nuevo Le√≥n, no hay tragedia en el asunto, seg√ļn sus propias declaraciones a los medios. ‚ÄúTodo empieza con unos borrachos‚Ä̂Ķ ‚ÄúLos polic√≠as tienen un expediente intachable‚Ä̂Ķ ‚ÄúHomicidio doloso no hay‚ÄĚ.

Para Galileo Hern√°ndez Reyes, de Procuraci√≥n y Justicia √Čtnica, la causa del ataque y de la impunidad es obvia: el racismo. Desde su organizaci√≥n, hizo un llamado a grupos nacionales e internacionales de espele√≥logos a protestar por la doble ejecuci√≥n. Lo respaldaban Espeleolog√≠a Ciencia y Deporte bajo Tierra, del Polit√©cnico Nacional; Monta√Īismo UNAM y E.R.M. Espeleo Rescate M√©xico, entre otros. Venancio Santiago Margarito, malherido por los polic√≠as, no era un simple alba√Īil sino un miembro certificado en espeleolog√≠a y t√©cnicas de progresi√≥n vertical por la Asociaci√≥n Coahuilense de Espeleolog√≠a y la Federaci√≥n Mexicana de Actividades Subacu√°ticas. Comenzaba as√≠ una movilizaci√≥n de repudio en redes sociales contra la discriminaci√≥n. Ahora segu√≠a la ciudad.

Pero, en las calles de Monterrey la vida marchaba con normalidad, siempre y cuando se entienda esta palabra en el contexto de la pandemia. Las se√Īoras iban de compras, los hombres conversaban sin preocupaci√≥n con alg√ļn compa√Īero y los taxistas llevaban a sus pasajeros en el orden de todos los d√≠as. Nadie protestaba por la muerte de los dos ind√≠genas tenek y los dos lesionados de bala. La ciudad segu√≠a con sus actividades rutinarias como si nada hubiera pasado.

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Por los menos en estos tiempos, los afrodescendientes de Estados Unidos ya cuentan con apoyo de grandes grupos sociales en contra del racismo y la violación de sus derechos. En México, los indígenas siguen casi igual que en la época colonial: marginados y ofendidos.

Aunque la prensa dedica espacios a historias como las de los hermanos Santiago Margarito, es poco el interés por los indígenas en nuestro país; ni en las grandes ciudades, con gente más educada, se preocupan por ellos. De hecho, esta discriminación es más amplia y se hace notar en los millones de hombres y mujeres de tez morena que son, quizás, la mayoría de la población.

Como una venda, los mitos sociales cubren todavía los ojos de empresarios, artistas, líderes y, sobre todo, gobernantes.

Bueno, es tiempo de elecciones. Quiz√°s los aspirantes ya est√©n adelantando algunas propuestas en el tema de racismo (o justicia y desarrollo social). En Coahuila e Hidalgo, los comicios comienzan este a√Īo; el primero para integrar el Congreso Estatal y el segundo para ediles. Aqu√≠, en Nuevo Le√≥n, veo muy activos en redes sociales a los del PRI, a los del PAN, a los de Movimiento Ciudadano y a los de Morena. En 2021 habr√° elecciones de gobernador, diputados, alcaldes y regidores.

Revisando sus mensajes, encuentro lo mismo que en las calles de Monterrey después publicada la doble ejecución de los potosinos: silencio.

julian.javier.hernandez@gmail.com

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JULI√ĀN J. HERN√ĀNDEZ ha sido editor y colaborador en peri√≥dicos de Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de M√©xico. Actualmente es asesor en temas de comunicaci√≥n y copywriting. https://medium.com/@j.j.hernandez

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente el punto de vista de MOBILNEWS.MX

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