Así, sin resguardo y con la puerta abierta estaba el rancho Izaguirre donde fueron encontrados crematorios que han sido comparados con los campos de exterminio alemanes de la Segunda Guerra Mundial, al menos eso cuentan las crónicas del suceso que ha estremecido al país, un hecho que debido a su magnitud deja sin habla a muchos de nosotros y, por desgracia, nubla la capacidad de raciocinio dado su impacto emocional.
No resulta extraño que gente desde el anonimato contacte con grupos de madres buscadoras para informarles acerca de lugares en los que pueden localizar cuerpos de personas que fueron dadas por desaparecidas, no necesariamente de familiares de los buscadores.
Así sucedió en este lugar ubicado en el municipio de Teuchitlán, Jalisco. Quien informó a los grupos buscadores de desaparecidos sabía lo que había ahí, sabía que el lugar se encontraba sin custodia y seguramente estaba consciente del impacto que los hallazgos tendrían en la opinión pública.
Desde hace casi 15 años se nos ha dicho que en casos de desaparición forzada, como en el caso de los estudiantes de Ayotzinapa, la culpa es del Estado, de ahí que en el ambiente flota que las desapariciones ocurridas en cualquier lugar del país son culpa de este, sin importar que ahora gente como Noroña se esfuerce por decir lo contrario.
No resulta extraño que en este contexto muchos asuman que la culpa es del Estado, en este caso representado por el gobierno anterior y el actual y específicamente por sus máximos representantes, AMLO y Claudia Sheinbaum.
Si, por otra parte, ampliamos el escenario para incluir en este las amenazas del presidente norteamericano Donald Trump de imponer aranceles a los productos mexicanos en caso de que no se combata al crimen organizado, incluyendo a los funcionarios de cualquier nivel que colaboren con este, nos enfrentamos a una situación que puede interpretarse de forma distinta, sobre todo cuando antes ya se había señalado a un exgobernador perredista, Silvano Aureoles de Michoacán, y revivido las acusaciones contra un exgobernador panista de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
El señalamiento se hace para involucrar a ex autoridades emanadas del Partido Movimiento Ciudadano, nos referimos específicamente al exgobernador de Jalisco Enrique Alfaro, quien estaba al frente del gobierno estatal en el tiempo en que ocurrieron los hechos.
Si es cierto, como se dice, que en política las coincidencias no existen, no sería descabellado pensar que las tres figuras políticas de sendos partidos de oposición, uno de ellos ya desaparecido, podrían ser las fichas de cambio que se utilizarán para hacer ver a Trump que se está trabajando en los temas que a él le interesan.
Todo para continuar con la política iniciada por AMLO en el sentido de proteger a los miembros de su movimiento, ya que, como decía una vieja consigna priista, “por donde cabe uno, caben todos”, utilizada para señalar que en cuanto se acepta que un miembro de ese partido es corrupto, se puede pensar que los demás también lo son.
Así es que no se deje llevar por interpretaciones fáciles o por teorías de la conspiración, tampoco por rabietas como las de Noroña o señalamientos como los de la presidenta ya que buscan aprovechar el hecho para llevar agua a su molino, mejor analice la información, póngala en contexto y saque sus conclusiones.