Me llama poderosamente la atención la forma en que durante los últimos días, en casi todas sus apariciones públicas, la presidenta Claudia Sheinbaum subraya que no existe rompimiento al interior de su partido y que Morena es un movimiento con principios claros que todos sus seguidores respetan y practican.
Sería un caso único, aún en el PRI, partido hegemónico en su momento como ahora lo es Morena, existían corrientes, tal es el caso de la que formaron Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, que llevó a que un grupo importante del tricolor abandonara ese instituto político y fundara el PRD, antecesor de Morena.
La realidad es que, lo crea o no la presidenta, en Morena existen grupos e intereses particulares que hoy, en vísperas de la selección de unos 20 mil candidatos para ocupar los puestos de elección que se disputarán el año próximo, se están mostrando de distintas maneras los grupos existentes y lo hacen para alcanzar el mejor posicionamiento posible y ello se ve, de forma nítida, en la selección de los futuros candidatos a las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2026.
Esos intereses que se mueven son rupturas, algunas apenas en ciernes, pero que hacen que al movimiento que encabeza Sheinbaum se le vean las costuras, como a la criatura del doctor Víctor Frankenstein, aunque a diferencia de esta, los grupos internos de Morena parecen no aprender de lo que sucedió a su antecesor, el partido del Sol Azteca.
Así por ejemplo, vemos cómo algunos gobernadores, Campeche por ejemplo, imponen a su posible sucesor sin importar lo que la dirigencia morenista tenga que decir, la familia es la familia para la gobernadora de ese estado.
No hablemos del caso de Guerrero, en donde Félix Salgado Macedonio insiste soterradamente, en alcanzar la candidatura descalificando a sus oponentes y ejerciendo el poder que le da ser el padre de la actual gobernadora.
Sinaloa es un caso muy especial, el grupo morenista dominante en esa entidad es el que formó y lidera Rocha Moya, y la candidata designada fue cercana al exgobernador, sí, el que se supone se insubordina y regresa al puesto sin avisar a nadie, o eso dicen.
En Chihuahua no nos pueden decir que las cosas están mejor, Andrea Chávez, a todas luces impulsada por Adán Augusto López, insiste en ser la candidata de Morena y se ha enfrentado verbalmente a la propia presidenta, a quien en algún momento llegó a menospreciar.
San Luis Potosí y Quintana Roo con el Verde y las Californias con el PT, son botones que no se pueden minimizar por lo que respecta a la solidez de la coalición que actualmente gobierna el país.
Insisto, el hecho de que la presidenta señala una y otra vez la inexistencia de rupturas, o por lo menos diferencias serias, en el movimiento que formalmente lidera, parece más el mantra de quien quiere convencerse a sí mismo de aquello en lo que alguien desea creer, que la descripción de la realidad que se vive en el partido del gobierno.