Me llama la atención que un partido que se concibe como extremadamente fuerte, que asegura tener el apoyo de las mayorías y que tiene el control de los tres poderes de la Unión, vaya ahora por el de los medios, sean las redes sociales o los tradicionales de prensa, radio y televisión.
Un control que ya tiene en gran medida y que ejerce tanto desde la plataforma de la mañanera como desde “Derecho de Réplica”, el espacio mediático desde el que la consejera jurídica de la presidenta, Luisa María Alcalde, descalifica a los medios que no coinciden con la versión oficial.
Me parece que una medida de este tipo tiene más que ver con el miedo a ser rebasado, que con la fortaleza. Como por ejemplo, el hecho de no asistir a la inauguración del mundial de futbol, pareció una decisión fruto del rechazo a enfrentar la rechifla previsible, que la versión de que la presidenta estaba con el pueblo y no con las élites. Sobre todo cuando se establece como un hecho que el 80 por ciento de la población aprueba a la mandataria.
Son ese tipo de acciones las que hacen pensar a muchos que si bien México no es una dictadura, se está pareciendo mucho. Hasta hoy, quienes opinamos en algún medio de comunicación, podemos hacerlo sin más, aunque algunos editorialistas han sufrido presiones sistémicas, no pasa de ahí, salvo por algunos amagos de ir más allá.
Pero en caso de que se apruebe la nueva legislación, las opiniones serán revisadas en función de los hechos o datos que las autoridades determinen como tales y en el contexto en el cual la presidenta ha señalado que es válido brincarse las normas, pues resulta por lo menos preocupante. Ya vimos algunos detalles como el caso del “dato protegido” y la disculpa que un ciudadano tuvo que dar a Noroña en el Senado.
Son apenas indicios de lo que puede ocurrir ya con la nueva ley, preocupantes, es cierto. Más cuando se piensa que para la presidenta un caso como la eliminación de elecciones en Nicaragua constituye una determinación del pueblo y, por lo que se puede inferir, una manifestación democrática. Es una cuestión de opinión calificar así este hecho y muchos no vamos a coincidir, ya veremos qué pasa en casos como este, qué considera la autoridad un hecho y qué una opinión.
En fin, podemos augurar tiempos difíciles, sobre todo porque, al final de cuentas, quien tiene el poder, puede usarlo para imponer su visión.
Como dice el clásico: lo veremos.