El auge industrial de Nuevo León es real, medible y reconocido incluso por el propio Gobierno federal. La llegada de inversión extranjera, la expansión de parques industriales y el fenómeno del nearshoring han colocado al estado como uno de los principales motores económicos del paÃs. Sin embargo, ese crecimiento se está apoyando sobre una infraestructura eléctrica que no ha sido reforzada al mismo ritmo, particularmente en lo que respecta a transmisión y capacidad disponible para nuevos proyectos.
Los documentos oficiales de planeación del sector eléctrico lo reconocen. El Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) identifica a la región noreste —donde se ubica Nuevo León— como una de las zonas con mayor crecimiento proyectado de demanda eléctrica en los próximos años. El mismo documento advierte la existencia de cuellos de botella en la red de transmisión y la necesidad de ejecutar obras para mantener la confiabilidad del sistema.
A pesar de ese diagnóstico, la ejecución ha sido limitada. La expansión de lÃneas de transmisión y subestaciones —atribución exclusiva del Gobierno federal— no ha acompañado el ritmo de crecimiento industrial del estado. El resultado es un sistema que opera con menor holgura y mayor vulnerabilidad ante picos de demanda o eventos externos.
El Centro Nacional de Control de EnergÃa (Cenace) ha emitido en distintos momentos alertas operativas en la región noreste, particularmente durante episodios de alta demanda o condiciones climáticas adversas. Estas alertas no implican un colapso del sistema, pero sà confirman que la operación se vuelve más frágil cuando la infraestructura no se refuerza oportunamente.
La evidencia también viene del terreno empresarial. El presidente del Clúster Energético de Nuevo León, César Cadena, ha declarado públicamente que empresas industriales en el estado enfrentan problemas para conectarse a la red eléctrica, no por falta de proyectos, sino por insuficiencia de subestaciones y capacidad disponible. En algunos parques industriales, naves terminadas no pueden operar plenamente porque la infraestructura eléctrica no alcanza.
A esto se suma la experiencia reciente de interrupciones masivas del servicio. El 4 de marzo de 2025, la Comisión Federal de Electricidad reportó más de 300 mil usuarios afectados en Nuevo León tras un evento climático. Aunque el origen fue meteorológico, el episodio dejó una lección técnica clara: cuando la red opera con márgenes reducidos, cualquier contingencia se amplifica y afecta a gran escala.
Aquà es donde la responsabilidad federal es ineludible. La planeación, autorización y construcción de infraestructura estratégica del sistema eléctrico nacional no depende de los estados, sino de decisiones federales. Nuevo León puede atraer inversión, generar empleo y detonar crecimiento, pero no puede construir lÃneas de transmisión ni autorizar centrales eléctricas de gran escala.
La crÃtica no es ideológica, es técnica. Si el Gobierno federal reconoce al nearshoring como una prioridad nacional, debe respaldarlo con inversión en infraestructura eléctrica donde la demanda está creciendo. De lo contrario, el riesgo no es inmediato, pero sà acumulativo: mayor fragilidad operativa, mayores costos para las empresas y menor competitividad frente a otras regiones.
El nearshoring no se frena por falta de talento ni por ausencia de capital. Se frena cuando la infraestructura básica no acompaña al crecimiento. Y garantizar electricidad suficiente, confiable y oportuna es, por diseño institucional, una responsabilidad que recae en la Federación.