México vive un boom de anuncios de inversión, presume el nearshoring y se siente confiado en la cercanÃa geográfica con EUA para asegurar su crecimiento. Sin embargo, la realidad es que la economÃa está estancada y no se ven motores de aceleración en el futuro. Mientras México celebra expectativas, tres paÃses – Vietnam, India y Polonia – avanzan a pasos agigantados. No crecen por sus recursos naturales sino por las decisiones estratégicas de polÃtica económica.
Vietnam es un ejemplo contundente. En apenas dos décadas pasó de ser un paÃs agrÃcola para convertirse en un hub manufacturero en las cadenas globales de valor. El éxito se debe a acuerdos comercial con muchas naciones, impulso estratégico a la industria local, infraestructura orientada a la exportación y un gobierno que fomenta la competitividad (en teorÃa es comunista, pero en la práctica ha resultado ser muy pragmático). Hoy, la cercanÃa de México con EE.UU. no es suficiente como destino natural para las empresas manufactureras. Los costos de producción, energÃa y certidumbre regulatoria están aventajando a Vietnam.
India avanza en un camino distinto pero exitoso. A pesar de sus rezagos en regulación, financiamiento y costos de insumos, ha construido un ecosistema tecnológico envidiable y tiene un mercado interno inmenso. Estos factores son fundamentales para la atracción de talento e inversión. India ha demostrado que incluso en paÃses con barreras estructurales como la regulación, un paÃs puede crecer rápidamente si le apuesta a la innovación y la tecnologÃa.
Polonia, por su parte, es el México europeo si se copiara su modelo industrial. Polonia invierte activamente en infraestructura, logÃstica y educación, con un marco regulatorio favorable para el inversionista y una estrategia industrial clara. Polonia depende de sus instituciones para crecer, México de su cercanÃa a EE.UU.
El patrón de estos tres paÃses es evidente: avanzan porque promueven la competitividad. México avanza porque EE.UU. lo impulsa. La ventaja geográfica es un regalo, pero al mismo tiempo una trampa: nos coloca en un sitio de comodidad que no nos obliga a mejorar la competitividad. Si México quiere competir realmente, debe hacerlo impulsando la competitividad y productividad como lo hacen estos tres paÃses.