Desde la narrativa nacional, el PAN sigue ocupando un lugar relevante en el tablero polÃtico. Se le reconoce como la segunda fuerza del paÃs y como un actor clave de la oposición.
Pero desde Coahuila, la discusión es otra. Mucho más concreta y urgente. Aquà no se debate el peso histórico del PAN. Se debate su viabilidad local.
En los últimos dÃas, organizaciones de la sociedad civil, organismos empresariales y voces ciudadanas han hecho un llamado explÃcito: reconsiderar la decisión de suspender alianzas electorales. No desde una lógica partidista, sino desde una preocupación democrática. El mensaje es claro: cerrar la puerta a las alianzas puede dispersar el voto opositor, debilitar la pluralidad y abrir escenarios que ya se han visto en otros estados del paÃs.
Mientras tanto, el PAN Coahuila ha confirmado que irá solo en la elección local, acatando una directriz nacional. La decisión se presenta como un acto de disciplina interna, pero en el terreno genera inquietud. Porque en Coahuila, ir sin alianza es un riesgo real, incluso el de perder el registro local.
Eso es lo que desde el centro muchas veces no se alcanza a ver.
La polÃtica en Coahuila se ha construido, durante años, sobre equilibrios, acuerdos y una lógica de gobernabilidad que ha permitido estabilidad, seguridad y cohesión social. Romper esos equilibrios por decisiones tomadas lejos del contexto local es una apuesta de alto riesgo.
El contraste es evidente. Mientras otras fuerzas polÃticas ya sellaron alianzas amplias con miras a ganar el “carro completo†en el Congreso local, el PAN decide competir en solitario, aun cuando desde la ciudadanÃa organizada se advierte que esa ruta puede debilitar a la oposición y beneficiar a Morena sin que necesariamente exista un respaldo mayoritario a su proyecto en el estado.
Desde el norte, la pregunta no es ideológica, es estratégica:
¿De verdad una decisión uniforme sirve para realidades tan distintas?
Las alianzas no son una renuncia a principios. En contextos como el de Coahuila, son una responsabilidad polÃtica. Una forma de cuidar la democracia local, de evitar la fragmentación y de asegurar que todas las voces sigan teniendo espacio.
Porque los partidos no s{olo se miden por su fuerza nacional. Se miden por su capacidad de escuchar a sus estados y de entender que, a veces, defender al partido significa adaptarse para no desaparecer.
Y eso, desde Coahuila, se ve con absoluta claridad.