A veces pienso que México no es un solo pais. Son varios al mismo tiempo.
Y eso se siente en la vida diaria: hay regiones que viven la realidad desde la conversación, y otras que la viven desde la operación, desde el trabajo y desde la urgencia de que todo funcione.
Ahà si, Coahuila se cuece aparte. No solo por lo que produce, sino por lo que es.
Los norteños tenemos un arraigo especial, un orgullo que no se aprende, se hereda.
Se nota en nuestra forma directa de hablar, en nuestra cultura, en como entendemos la vida.
Aquà todo cuesta un poco más —el clima, las distancias, las jornadas- y por eso el carácter se hace firme.
Aquà el paÃs se traduce en industria, exportación, cadenas de suministro y parques industriales que aparecen donde antes solo habÃa polvo.
La modernidad no es un concepto: es una dinámica. El nearshoring no es discurso; es una nave nueva, un proveedor que llega, una ciudad que se estira.
Y eso exige orden, estructura y continuidad.
Por eso a veces parece que viviéramos en paÃses distintos. Mientras en otros lugares el futuro se discute, aquà se construye.
Pero el ruido nacional también se siente: en aranceles, en el dólar, en la gasolina, en la confianza para invertir.
Y hay una palabra que sostiene todo: seguridad. Aquà no es un lujo, es una condición para vivir, trabajar y crecer.
Porque el desarrollo sin seguridad es solo una ilusión.
Coahuila se cuece aparte, sÃ. No porque esté separado, sino porque está conectado. Y cuando estás conectado al mundo, no puedes vivir a medias.
Aquà el desarrollo no se promete: se construye. Y la seguridad no se presume: se sostiene.