Informar para contar

Dar铆o Fritz

TERRITORIOS BALD脥OS
Hoy, desde el poder se condiciona con el ingreso a una sala de prensa, se informa por X y TikTok para evitar el contacto con las fuentes, se potencian en redes sociales a los afines para diluir la cr铆tica.
09/07/2026

La senda del medio suele ser la m谩s vilipendiada. Genera el mayor n煤mero de bocinazos en la avenida de varios carriles o lleva a denigrar al que busca mesura entre argumentos extremos porque supuestamente no se define. Queda en el medio quien reclama airado por la lentitud en la atenci贸n del servicio, rechazado por el bur贸crata y por quienes comparten la espera. Al periodismo le pasa lo mismo. Necesitado de equilibrios, el centro lo convierte en marginaci贸n y pieza de deshecho por quienes se obstinan en polarizar.

As铆 es como se lo ha comenzado a ver, azuzado en tiempos recientes desde la pol铆tica. Los gobiernos de izquierda y centroizquierda de Am茅rica Latina lo alimentaron, y tambi茅n una derecha que lo fue moldeando al mismo tiempo y que hoy, girado hacia un conservadurismo de ultraderecha, se molesta por el cuestionamiento a su narrativa de mentiras y belicosidad. A la par se ha generado un correlato en el apego social al individualismo, la negaci贸n hacia la discrepancia y la denostaci贸n hacia el disidente y lo comunitario. En ese engranaje, la irrupci贸n digital dirigida al hiperconsumo y la conversi贸n de toda actividad a la compra y venta ha puesto a medios de comunicaci贸n, propietarios, directivos y periodistas en una supuesta disquisici贸n entre escoger por blancos o negros, sin lugar para los matices.

鈥淓l periodismo siempre se vincul贸 al poder, expres谩ndolo, dese谩ndolo o queriendo destruirlo; siempre encontr贸 referencia en el Estado, y se postul贸 como una especie de Estado ideal鈥, describ铆a ciertamente en los a帽os 鈥90 el fallecido periodista Claudio Uriarte. Y se preguntaba algo que ya tiene respuesta, si 鈥渆l periodismo no ha trascendido en realidad al poder formal鈥.

Sin lograr escapar a las trampas que va imponiendo el poder real y espoleado por las transformaciones sociales de las cuales no puede desenmara帽arse, muchos han ca铆do en ir por el blanco o el negro. Un blanco o un negro que de todos modos no es reciente. Hace cuatro o cinco d茅cadas cuando reinaba el mundo bipolar de la Guerra Fr铆a con la mirada puesta en Washington o en Mosc煤 y sus sat茅lites, desde los estados bajaban las presiones para decantar el lugar del periodismo. La periodista italiana Oriana Fallaci, toda una celebridad, sin pelos en la lengua le soltaba en 1982 a los colegas argentinos su convivencia con la dictadura militar, que fue muy cierta y as铆 ocurri贸 en tantos otros pa铆ses de la regi贸n. Cuando Mario Vargas Llosa hizo enojar a tantos por aquello de la 鈥渄ictadura perfecta鈥, tambi茅n se refer铆a al periodismo callado y colaborador del r茅gimen priista.

La manipulaci贸n de entonces dejaba de todos modos resquicios para la disidencia. Los propietarios de los medios, que no han perdido su conservadurismo de cepa, daban lugar a periodistas disidentes del estatus quo 鈥搇os necesitaban para mostrar una cara de equidad que las audiencias reclamaban鈥, pero hoy estos ya no se dejan ver. Nadie pide por ellos. Periodistas incorporados a alguna de esas dos opciones, comprometidos con la l铆nea editorial. Tanta uniformidad ha tra铆do el v贸mito de otros que reticentes y negados a ese mundo estructurado en apoyos indisolubles a una causa, hallan espacios para hacer el buen periodismo del equilibrio informativo, la investigaci贸n rigurosa, el desollamiento del negocio de vender noticia, en frescas alternativas para sectores sociales que no han comprado la manipulaci贸n gubernamental ni el consumismo desaforado. Decenas de periodistas, reporteros gr谩ficos, dise帽adores, en grupos peque帽os, sin redacciones elefanti谩sicas, ni costos descarados, aupados por audiencias confiables y la solidaridad econ贸mica de fundaciones y organismos dispuestos a pagar su factura de buen periodismo, abrieron espacios libres frente a la polarizaci贸n para investigar, ahondar en el periodismo de datos, incluso sumergirse en el diarismo.

Las batallas ideol贸gicas por usar al periodismo 鈥揺l que se ha dejado al menos鈥 como polea de transmisi贸n de una narrativa del pelaje que se quiera, desde la izquierda a la derecha, de antiambientalistas a negacionistas, no dejan de ser vetustas. Sus herramientas y armas son las que las hacen diferentes en la actualidad. El condicionamiento publicitario lo fue en el pasado, a muchos se les surt铆a de sobres y otros resist铆an. Hoy, desde el poder se condiciona con el ingreso a una sala de prensa, se informa por X y TikTok para evitar el contacto con las fuentes, se potencian los influencers como propaladores a sueldo, con boots y algoritmos se diluye la cr铆tica, los presidentes denuestan a los periodistas o los convierten en enemigos.

Cuando se critica al periodismo 鈥搇o cual no es nuevo鈥 hay una carga de verdad en el amarillismo y la exageraci贸n que algunos pueden identificar en la informaci贸n tendenciosa o en lo que no se dice, pero tambi茅n all铆 se conjuga el rechazo a aceptar informaci贸n que rompe con el formateo personal de ideas, conceptos, opiniones. 驴Por qu茅 meten las narices en los yerros del l铆der que patina en cada defensa de su gobierno?, 驴para qu茅 hurgar en c贸mo muri贸 el narco que tantos detestan?, 驴cuestionan la medicina homeop谩tica cuando me ha curado de tantas gripas?

Se escucha en la radio, se ve en los noticiarios televisivos, se lee en medios impresos y sus p谩ginas digitales y redes, la frugalidad y superficialidad con que se informa. El entretenimiento de la televisi贸n ha permeado para contar as铆 las historias en el resto de los soportes de los medios. 驴Qu茅 sentido tiene que en un t铆tulo impreso o digital se insin煤e una informaci贸n que apenas en el quinto p谩rrafo se va a explicar? Los editores creen que as铆 atrapan inter茅s cuando en realidad lo est谩n ahuyentando.

As铆 como es leg铆timo preguntarse para qu茅 escribimos o para qu茅 se hace periodismo, podemos extender la pregunta a para qu茅 informamos. Hacerlo no es solo un ejercicio de introspecci贸n, puede acortar el camino para distinguir qu茅 tanto tenemos los pies sobre la tierra.

Dir铆a que corresponde informar para revolverle las tripas al poder, aguijonear con hechos y datos oportunos.

Informar de lo que nos interesa y no de lo que otros imponen.

Para la memoria de lo que registramos, para no olvidar, para amputar lo superficial y pulverizar la mentira, las verdades a medias, los intereses circunstanciales.

Informar para limpiar la mugre, cavar en el hoyo hasta encontrar agua, conservar la proporci贸n de las cosas, agobiar con la sensatez, promulgar la correspondencia con la honestidad.

Porque la informaci贸n no se trabaja para envolver sand铆as ni vender lavarropas.

Porque no milita para una causa.

Para no caer en el eufemismo, la correcci贸n pol铆tica, las frases hechas, los lugares comunes.

Para saber si la petunia crece en el desierto, si la tierra es redonda o el autismo una consecuencia de ingerir paracetamol en el embarazo.

Para separar la paja del trigo, generar incomodidad, pulverizar el chisme. Sacudir la ignorancia.

Para que a quienes le corresponda hagan justicia.

Informar por el respeto a quienes quieren saber, porque hay vidas de por medio, porque se espera la certeza, porque hay que desconfiar, porque tiene sentido.

Para contar, contar, contar.

dariomfritz@gmail.com

Publicado en Espacio4, Junio de 2026.



DAR脥O MARIO FRITZ es periodista especializado en elaboraci贸n, edici贸n y gesti贸n de contenidos en medios de comunicaci贸n. Premio Planeta de Periodismo 2005 por la coautor铆a del libro Con la muerte del bolsillo. Seis historias desaforadas del narcotr谩fico en M茅xico, y Premio Nacional de Periodismo por un reportaje de investigaci贸n. Coautor de El libro rojo en el FCE. Editor de la revista BiCentenario.

Las expresiones aqu铆 vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opini贸n y no necesariamente reflejan la postura editorial de Mobilnews.mx.

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