Durante la crisis del agua que padecimos hace ya casi cuatro años, varios comunicadores insistían en que los gobiernos, estatal y municipales, compraran pipas para distribuir el líquido en las distintas zonas del área metropolitana en las cuales no llegaba a través de las tuberías, son de ese tipo de ideas que parecen lógicas hasta que uno se fija en que no son precisamente contenedores lo que hace falta, sino el contenido, es decir, el líquido.
Algo similar pasa con la idea recientemente promovida por el gobernador del estado, Samuel García, quien está pidiendo se le aprueben recursos, vía deuda, para construir una nueva cortina en la presa El Cuchillo, o para elevar 4 metros la existente. Una idea bastante similar a la de comprar más contenedores cuando lo que escasea es el contenido.
Nos parece que el gobernador debería de pugnar por otro tipo de ideas, como la del acueducto desde el río Pánuco hasta nuestra entidad, una solución que sí tiene visos de ser por lo menos más duradera que la construcción de más contenedores, como la presa León o la nueva cortina en El Cuchillo. Samuel ya ha hablado de este tipo de soluciones, pero por alguna razón no se insiste en ellas.
Quizá conviene recordar que nuestra área metropolitana está asentada en una región en la cual no llueve lo suficiente como para solventar las necesidades de una urbe en crecimiento, sobre todo ahora que se está presentando un auge de construcción vertical, es decir, con una densidad poblacional mayor a la existente en la actualidad, ni qué decir que el problema de la capacidad del drenaje, tanto pluvial como habitacional ni siquiera se discute, y seguramente ello traerá problemas que bien pudieran solucionarse a través de plantas tratadoras de agua.
En estos casos quizá, como dicen los estadounidenses, convendría pensar “fuera de la caja” y proponer soluciones que tienen un horizonte más amplio que el hecho de construir más presas, como es, insistimos, el acueducto desde el río Pánuco o como lo que ha señalado, aunque no suficientemente, el propio Samuel al proponer la posibilidad de construir plantas desalinizadoras en algunos puntos de Tamaulipas.
En pocas palabras, es tiempo de ser audaces e intentar soluciones que vayan más allá de las que se han intentado y buscar que ahora sí sean de largo plazo y no de unos cuantos años, lo que al final de cuentas nos cuesta más caro que la construcción del acueducto o las plantas desalinizadoras.
Por otra parte, quizá al mismo tiempo que se plantea una solución a las necesidades hídricas de la urbe metropolitana, se debería estudiar en conjunto con las tendencias de crecimiento, para evitar que el caos que ha caracterizado el desarrollo urbano del área metropolitana de Monterrey no sea ya un factor.
En fin, que es momento de que las ideas que pueden parecer lógicas, como la compra de pipas para distribuir agua en tiempo de crisis, sean evaluadas en un contexto de largo aliento y no en el de un cortoplacismo que en nada ayuda.
Evaluemos todo aquello que parece una gran idea y detengámonos a pensar si realmente vale la pena llevarla a cabo.