“Cuando una religión empieza a tener en cuenta la opinión laica, es que ya está muerta aunque no se haya dado cuenta de ello”, Leonardo Sciascia.
Muchos analistas se preguntan por qué en Morena, para decirlo en palabras de alguno de ellos, “no se juzga a los suyos”, la respuesta es sencilla, porque si se hiciera, sería como abrirle la puerta a sus contrarios y aceptar que en realidad no tenían todas las respuestas para realizar un mejor gobierno como lo aseguraban cuando no lo eran, incluso cuando la mayoría de ellos militaba en el PRD o en el PRI, principalmente en el ala que simpatizaba con Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo.
La mayoría de ellos, políticos avezados en la forma en que se hacía política durante la hegemonía del PRI, aprendieron que abrir la puerta a la crítica era un camino que podía no tener retorno, como le sucedió al PRI, un amigo mío decía que “por donde cabe una (crítica), caben todas”, lo cual, por cierto, se hacía extensivo para el reconocimiento de las derrotas electorales, quizá principalmente para estas.
AMLO era un político avezado de la vieja escuela aunque se presentaba como un outsider, sabía que, como lo señala Peter Thiel en el ámbito empresarial, “la competencia es para los perdedores”, en pocas palabras, se trataba de generar un monopolio y parte importante para mantenerlo consiste en no aceptar errores, en este caso corruptelas, por más evidentes que estas pudieran resultar, realizados por los miembros de su partido.
Así que quienes parten del supuesto de que el objetivo del gobierno es servir a los ciudadanos, creo que se equivocan, olvidan que los gobiernos, mejor dicho, los gobernantes, tratan de continuar en el poder, ya sea directamente o por interpósita persona o, como en el caso del PRI durante casi 80 años si contamos las presidencias de sus creadores, los sonorenses,
Brindar servicios o satisfactores para los ciudadanos es, en realidad, un medio para lograr su objetivo, se invierten las que en teoría deben ser las prioridades, sin embargo, en esto no hay teoría que valga, el poder no tiene sustituto y mantenerlo es la prioridad para quienes se dedican a la política.
Es más probable que el gobernante busque establecer una relación de dependencia de los ciudadanos hacia el gobierno, a que trate de generar servicios de calidad, por lo menos en nuestro país, en nuestra historia. AMLO lo dijo muy claramente, apostar por los pobres en política es ir a la segura, es una cuestión de estrategia, no de servicio.
El problema es que la realidad, como los ríos, siempre reclama sus cauces y en algún momento cobra el peaje correspondiente a quienes no la toman en cuenta, hoy podemos verlo en Jalisco, pero también en Francia, probablemente en gran parte de Europa aunque haya quien asegure la existencia de mano negra.
Hasta ahora Morena ha podido seguir su estrategia sin grandes costos políticos, pero de que los está previendo, lo hace, si no, eche una mirada a las leyes aprobadas desde hace 8 años para acá y después me dice, eso sin contar la forma en que colonizó la mayoría de las instituciones que podían representar un contrapeso para su proyecto.
Como dice el clásico “Al tiempo”.