Nadie supimos que Andy se había quedado sin la visa estadounidense hasta que él mismo lo dio a conocer a través de su ahora famosa carta en la que pide el despido de dos funcionarios de la administración de Donald Trump: Marco Rubio, secretario de Estado y Christopher Landau, subsecretario del mismo ramo. Nada menos.
Mucho se ha comentado acerca de la estulticia y arrogancia reflejada en la misiva, así que no entraré en ese tema, que por lo demás, me parece que constituye una interpretación a bote pronto, la cual no toma en cuenta un panorama más amplio, como es el de la sucesión presidencial.
Desde mi perspectiva, Andy dio a conocer el retiro de su visa con el propósito de iniciar la construcción de su camino al 2030. Sobre todo porque hasta hoy la suya no ha sido una carrera política exitosa, sino que tiene más fracasos que éxitos, pese a lo cual él se considera a si mismo como el heredero “natural” de quién, asegura Andy, ha sido el mejor presidente de México.
De ahí que, probablemente siguiendo el consejo de YSQ, está tratando de convertirse en el defensor por excelencia de la soberanía nacional, de presentarse como aquel que puede enfrentar a alguien tan poderoso como el presidente de los Estados Unidos. Casi, casi como el Juan Escutia de hoy, dispuesto a ofrendar su vida por la patria.
Inclusive hubo, entre los corifeos del régimen, quienes hicieron el intento de lanzar la épica del momento uno de ellos escribió: “LE SALIÓ EL TIRO POR LA CULATA a Estados Unidos y a la Fachiza Vendepatrias. Han despertado al Gigante de Andrés Manuel López Beltrán…” (juro que es un tuit de la cuenta de “La Catrina Norteña”).
Mientras que una”analista objetiva” escribió “si Washington buscaba asestar un golpe final al Movimiento de Regeneración Nacional, ha errado el tiro. Le ha dado aire al poner en sus manos una defensa perfecta contra una medida de intención tan obvia. Tan burda que hasta un ciego podría seguirla a tientas”. Una medida que Washington no publicitó, sino que lo hizo el hoy autodenominado perseguido político.
Lo anterior sin contar con el comunicado de Morena respecto al tema, ni el apoyo de gobernadores y legisladores al hijo de AMLO.
Creo que es más que obvio el objetivo y que puede no alcanzarse porque Morena no es un ente monolítico, sino un abigarrado conjunto de intereses personales. Ya veremos si Andy logra ser diputado, coordinador de los legisladores morenistas y candidato presidencial, falta tiempo y pueden pasar muchas cosas, incluso que no sea el junior quien vaya a buscar la presidencia, sino el otro.
No quiero dejar de señalar que, comentando con amigos esta situación, me dijeron: no subestimes la estupidez humana. Y bueno…