Ahora que se están presentando inconformidades en el proceso de selección de candidatos a las gubernaturas por parte de Morena, no está de más reflexionar acerca de lo que significa el poder, principalmente un poder que parece omnÃmodo por ahora en todo el territorio nacional.
Hoy quienes se sienten con derechos dentro de ese partido o movimiento, parecen no recordar que alguna vez no tuvieron acceso al poder que hoy detentan y olvidar que en algún momento volverán a no tener ese acceso.
Quizá con el poder suceda lo que según Steven Pinker pasa con el conocimiento, una vez que se entiende algo, resulta imposible recordar que en alguna etapa de la vida no se sabÃa lo que ahora sà se sabe.
Antonio Navalón nos recordaba apenas el lunes pasado que “el poder es… un giro en el vacÃo donde la primera condición para disfrutarlo consiste en olvidar que es perecedero y que, como el yogur, trae fecha de caducidadâ€.
Al parecer hay quienes en Morena piensan que es el movimiento el que les debe a ellos y no ellos al movimiento, como la alcaldesa de Acapulco, que al no verse favorecida en el proceso para la selección de candidatos, llamados defensores de la 4T, aseguró que ella tenÃa al pueblo y que aquello era la crónica de una muerte anunciada, imagino que se referÃa a que Morena iba a perder la gubernatura.
No es, sin embargo, la única morenista que reacciona en ese tenor, ahà tenemos también al tÃo Nicolás MarÃn Mollinedo, quien aseguró que se quedará en el partido del cual se dijo fundador, pero advirtió que “no se quedarán con el estadoâ€, refiriéndose obviamente a quien sà fue elegido como candidato y a sus patrocinadores.
Disidentes también los hubo en Michoacán, Baja California Sur y seguramente los habrá en Nuevo León y Chihuahua, por citar algunos, han sido contadas las excepciones de quienes tuvieron la disciplina partidista necesaria para acatar las reglas establecidas para la nominación de candidatos.
Y es que, dicen, el poder atonta a los inteligentes y apendeja a los tontos… eso dice la conseja popular, pero vaya usted a saber si es eso lo que está sucediendo al interior del actual partido hegemónico.
Algunos estudiosos aseguran que el problema con el poder consiste en que tiene efectos biológicos equiparables al que tienen las drogas y quien se engancha en él, busca siempre la siguiente dosis, queriendo reproducir la sensación de bienestar que producen estas de manera momentánea.
Pero ya que citamos más arriba a Navalón, señalemos lo que en el mismo texto subraya, y es que “la mayor de las trampas del poder es creer que la siguiente posición –ya sea como premio de consolación y en forma de una SecretarÃa de Turismo o una embajada– está garantizada, que las preguntas terminarán olvidándose y que el poder siempre encontrará una manera de perpetuarse. Hasta que un dÃa deja de hacerlo y el poder… simplemente desapareceâ€.
Parece que en esas estamos, como antes estuvimos con el PRI.