Hace ya algunos años, en un TED talk sobre los coffee houses, o salas de café de la época de la Ilustración, Matthew Green argumentaba que la gente solía llegar preguntando “¿Qué hay de nuevo?”, “¿Qué noticias hay?”.
Esos célebres espacios, que el filósofo Jürgen Habermas asoció con la transformación estructural de la esfera pública, dieron forma a la opinión pública moderna.
Hoy día suele recurrirse a las redes sociales para lanzar simbólicamente la pregunta “qué hay de nuevo” y seguir la discusión en torno a las noticias del día. La nueva esfera pública.
Apenas a inicios de esta semana, buena parte de la atención se centraba en lo que parecía ser una escalada sin fin del asunto de Groenlandia. Preguntarse “qué hay de nuevo” podía significar una expectativa pesimista sobre el rumbo de las cosas. No lucían nada bien. Ser testigos generacionales de una escalada militar como la que parecía nublar el horizonte no daba lugar a optimismos.
De manera un tanto sorpresiva, a media semana, Donald Trump moderó su postura, declarando en Davos que no usaría la fuerza en la isla ártica, y además se dijo que tampoco impondría los aranceles a Europa que había anunciado. No obstante, dejó abierta la puerta a negociar sobre el mismo tema, de manera que sus declaraciones en el Foro Económico Mundial no le ponen fin al asunto, sino que sólo le bajó dos rayitas al volumen.
Se pudo volver a respirar, quizás piensen algunos, luego de la tensión de los últimos días.
Una pregunta relevante para este espacio es si las encuestas influyen en Trump en sus decisiones o no, es decir, si está al tanto de las posturas y reacciones de la opinión pública, sobre todo la norteamericana, a sus acciones e intenciones, las cuales la Casa Blanca ha tomado una tonalidad interesante para comunicar.
De acuerdo con el seguimiento de las encuestas de The New York Times/Siena, la popularidad de Donald Trump en Estados Unidos tuvo una tendencia a la baja a lo largo de su primer año de gobierno, con variaciones y altibajos que van dejando el típico zigzagueo dentro de márgenes de error de los sondeos.
Esa serie de encuestas registra un punto mínimo de 41 por ciento de aprobación en sus figuras más recientes. Ya había llegado ahí a finales de 2025, pero luego parece haber recuperado terreno, sobre todo tras las acciones en Venezuela para “extraer” a Nicolás Maduro. El repunte fue muy leve, pero es notable en la gráfica de las encuestas, ya que no sólo detuvo, sino que revirtió, de momento, la caída en el apoyo al presidente norteamericano.
No obstante, la tendencia a la baja parece haberse retomado en los días posteriores, y quizás un poco también por la escalada con Europa. La actitud desafiante tipo John Wayne con los aliados no parece haber salido del todo bien.
Aunque eso no signifique que el estado de ánimo popular defina su rumbo retórico o su accionar en todo momento, al parecer Trump sí sigue las encuestas. Su preocupación de cara a los comicios de medio término es otro claro indicador.
La pregunta aquí sería qué más percibió en la escalada con Europa que le hizo bajarle dos rayitas al asunto. Algunos especulaban que no sólo es un tema militar; también cabía la posibilidad de que Europa boicotee el Mundial, algo que no sería muy popular en ningún lado del Atlántico, pero ya tenemos los precedentes de boicot olímpico en Moscú 1980 y en Los Ángeles 1984.
Lo que haya sido, la decisión de Trump de echarse un poquito para atrás, lo cual sonaba muy improbable, coincide con una ligera baja en las encuestas en días recientes.
Habrá que seguir ese pulso del sentir popular, que tienen tan bien medido y de manera tan frecuente en Estados Unidos.
Y, por supuesto, en México. Algunos han criticado a la presidenta Sheinbaum por su ausencia en Davos. Pero también hay que preguntarse si en algunos momentos de tensión internacional, el silencio es funcional.
Así lo creían los florentinos en época de Maquiavelo, quien solía frustrarse bastante por eso, según narra Niccolò Capponi en An Unlikely Prince: the Life and Times of Machiavelli.
Ya veremos si la decisión de no ir (que en términos prácticos significa no dar discurso allá) fortalece el apoyo público o no.
En el caso de Trump, también será interesante ver si su moderación de tono le atrae nuevos apoyos o no.