Rogelio Ríos Herrán

MIRADA AL MUNDO
Los ciudadanos no nos damos cuenta de lo que está pasando, pues vivimos enfrascados en el día a día y en el ámbito de las vidas privadas ante el espectáculo deprimente que cotidianamente exhibe la clase gobernante de este país.


Al entrar a los Estados Unidos con mi familia me puse en una posición de ciudadano con buena reputación con el gobierno de ese país, algo de lo que muchos políticos mexicanos no pueden presumir.


Será un juicio a la clase empresarial y la cultura de negocios regiomontana, es decir, al ambiente financiero en donde se pueden dar casos grandes de posible lavado de dinero. 


El documento fundacional de Estados Unidos pierde aceleradamente su esencia ante el embate del populismo en el siglo 21. 


El mejor presidente de izquierda en México hubiera sido el reformador Cárdenas. López Obrador no es de izquierda, es un ejemplo del oportunista político, que se disfraza de lo que sea con tal de acceder al poder.


Claudia Sheinbaum no tiene un discurso articulado sobre hacia dónde quiere orientar su gobierno en lo que concierne a la América del Norte: ¿a una mayor integración regional o hacia la diversificación? 


No se deben sorprender los políticos morenistas y sus aliados por la revocación de sus visas: no es un capricho, es parte de una estrategia general del gobierno de Estados Unidos contra organizaciones criminales o terroristas. 


Lo que vemos hoy en México ya lo vi antes en Polonia, en donde finalmente los polacos resistieron el primer asalto y tiraron del gobierno a los populistas. 


Los mexicanos nos sentimos a gusto con la injusticia, pues ya sabemos que “en México todo tiene arreglo con un moche”, bendita corrupción que nos permite hacer lo que queramos sin sufrir las consecuencias.


El retiro de las visas y los asesinatos son los efectos de una causa profunda: el financiamiento ilícito de Morena y los compromisos adquiridos por sus gobernantes. 


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