Daniella Giacomán

EN EL RADAR
Yo pensé que solo iba a aprender a hablar mejor… Y sí, pero no fue lo más importante, lo importante fue el viaje que no estaba en el itinerario, pero que era necesario.


Mientras algunos levantan muros y deciden quién sí pertenece y quién no, el “Conejo Malo†respondió con historia, con memoria y con amor. 


Hoy sonrío desde el corazón: con gratitud, resiliencia y ganas de iluminar cada espacio posible. Cada acto simbólico es una conquista; un recordatorio de que hay mucho por hacer.


Pareciera que hoy puede más un mensaje no contestado que una vida de acompañamiento. Se nos educa para cortar antes que para hablar, para protegernos antes que para sostener.


Hoy, al mirar atrás, la gratitud aparece como una forma de memoria. Agradezco a las personas que me sostienen con palabras y hechos, que comparten su luz sin pedir nada a cambio.


Nos escandalizamos por lo que ocurre en otros países y no vemos que podría haber un pedófilo cerca de nosotros.


La inclusión empieza en lo cotidiano de la vida, en la mirada que podemos ofrecerle al otro para decirle: te veo y te escucho.


Aquí, niños con síndrome de Moebius o con cualquier otra condición, y adultos que reciben atención externa, encuentran un lugar donde son vistos, escuchados y acompañados.


No sé si su canonización sea una estrategia para acercar a los jóvenes a una religión católica con cada vez menos seguidores. Lo único que deseo es que encuentren en él una puerta a la espiritualidad, un ejemplo de ayuda al prójimo.


Suele escucharse, a veces con ligereza: “que nazca bien y sanitoâ€, como si eso fuera lo único importante.


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