Dicen que Stalin sentenció en alguna ocasión que una muerte era una tragedia, en tanto que un millón de muertos una estadística, con ello en mente creo que Teuchitlán difícilmente se convertirá en el Ayotzinapa de este sexenio.
Sucede que en México ya estamos en la etapa de la estadística, con todo lo mal y feo que ello pueda sonar. Para mal nos hemos acostumbrado a la violencia ejercida por los miembros del crimen organizado y a ver cotidianamente en los noticieros y medios de todo tipo las matanzas que ya seguramente alcanzan el medio millón de muertos desde el sexenio de Felipe Calderón para acá.
Difícilmente habrá grupos, salvo las madres buscadoras, que se movilizarán por 200 muertos más o menos, sobre todo cuando desde el poder nos dicen una y otra vez que Teuchitlán fue un invento, que nunca existió, tal como lo hicieron las bananeras con las masacres de trabajadores en Cien Años de Soledad, hechos que al parecer sí sucedieron en la vida real en un país de Centroamérica y fueron invisibilizados desde el poder.
Además, en el caso de Ayotzinapa hubo grupos de activistas que impulsaron la versión de que el culpable de la desaparición de los normalistas fue el Estado, grupos patrocinados por distintos poderes fácticos, desde gobiernos locales, pasando por miembros del crimen organizado, hasta instancias internacionales y, por supuesto, Morena, un partido que estaba en crecimiento y gozaba ya de popularidad como oposición, ese mismo que hoy se queja de un cierto zopiloteo con la nota de Teuchitlán.
Actualmente no existen las condiciones como las que se vivían durante el sexenio de Peña Nieto quien iba a la baja en popularidad y tenía en su contra grupos de poder afectados por sus reformas.
Así que difícilmente este episodio de violencia ocupará el puesto que tuvieron las desapariciones en el sexenio de EPN, no existen condiciones para ello, aunque siempre se corre el riesgo de estar equivocado cuando se hace una afirmación de este tipo, pero hoy eso creo. Por ello me parece una tontería que haya oficialistas que celebren que el escándalo mediático haya menguado gracias al no desafuero de Cuauhtémoc Blanco.
Este es un caso que puede resultar más explosivo, sobre todo porque pega de lleno en la narrativa esa de que con la llegada de una mujer a la presidencia se rompió el techo de cristal y de que con Claudia “llegamos todas”.
El asunto del Cuau empata con una narrativa poderosa que nos dice que el futuro será femenino o no será, con la existencia de grupos organizados que pueden no tener mucho respaldo social, pero están organizados y tienen una narrativa que puede mover a parte de la sociedad, una parte con voz y resonancia.
El feminismo es un fenómeno transversal, con potencial para atravesar las capas sociales del país, no es como la violencia que genera un miedo cerval en quien la sufre o siente que puede sufrirla.
Creo, y subrayo creo, que potencialmente el caso de Cuauhtémoc Blanco puede ser más explosivo para la 4T que Teuchitlán con todos sus horrores. Es una cuestión que pega en el centro de una narrativa que intenta generar el leitmotiv del actual sexenio.