El Banco de México publicó su reporte de las economÃas regionales correspondiente al primer trimestre de 2026 y el diagnóstico es contundente: todas las regiones del paÃs entraron en contracción. Esto no ocurrÃa desde la pandemia. El dato es especialmente relevante porque, históricamente, el norte del paÃs funcionaba como el motor de crecimiento gracias al sector externo. Hoy, ese motor está fallando. La incertidumbre derivada de la renegociación del TMEC está frenando decisiones de inversión y afectando directamente a la manufactura exportadora.
El reporte muestra que la manufactura está débil en el norte y centro-norte, justo en las regiones que deberÃan estar creciendo más por el nearshoring. La narrativa de que la relocalización de empresas es suficiente para blindar a la economÃa mexicana se desmorona frente a los datos. El nearshoring ayuda, pero no compensa la falta de energÃa competitiva, infraestructura insuficiente y un entorno regulatorio incierto. Banxico confirma que el impulso manufacturero se está debilitando.
En contraste, el sur del paÃs perdió el dinamismo artificial que habÃa mostrado en trimestres anteriores gracias al aumento del gasto público, especialmente en infraestructura. El sur sin obra pública se desinfla, y el reporte lo deja claro: ese modelo de crecimiento no es sostenible. La fuerte caÃda en la inversión pública responde al ajuste fiscal del gobierno federal tras la reducción de la calificación crediticia del paÃs, consecuencia de un déficit elevado y finanzas públicas presionadas.
El mercado laboral también envÃa señales de alerta. El IMSS reporta una desaceleración en la creación de empleos en todas las regiones, y Banxico lo confirma. Si esta tendencia persiste, podrÃa anticipar una recesión económica más amplia. El empleo suele ser el último indicador en deteriorarse antes de una contracción generalizada.
La inflación, por su parte, muestra un comportamiento heterogéneo. México tiene cuatro inflaciones distintas, reflejo de un paÃs profundamente desigual. Mientras en el norte presionan los servicios y la vivienda, en el sur los alimentos siguen siendo el principal problema.
Finalmente, el reporte destaca que los empresarios en todas las regiones identifican a la inseguridad y la mala gobernanza como los principales riesgos económicos. Ya no temen a la inflación: temen a la violencia, a la incertidumbre institucional y a la falta de Estado de derecho. Aunque las expectativas empresariales siguen en terreno positivo, se están moderando.
México enfrenta un trimestre de señales claras: sin inversión, sin seguridad y sin motores internos, el paÃs no puede sostener el crecimiento.