México cerró el año con un crecimiento económico cercano al 0.5% anual, una cifra que, más que decepcionar, confirma una realidad incómoda: el paÃs avanza, pero sin impulso. No está en crisis, pero tampoco está construyendo un camino claro hacia un crecimiento sostenido. Es un paÃs que se mueve, pero no despega.
Este crecimiento mediocre no es un accidente. Es el resultado de una economÃa que convive con dos fuerzas opuestas: fortalezas que empujan hacia adelante y debilidades estructurales que jalan hacia atrás.
Los sectores que tradicionalmente han sido motores del paÃs —manufactura, minerÃa y construcción— muestran señales de fatiga. La manufactura enfrenta costos crecientes, incertidumbre regulatoria y una desaceleración global que reduce pedidos. La construcción sigue atrapada entre trámites, falta de inversión pública eficiente y un sector privado cauteloso. La minerÃa, por su parte, opera bajo un entorno de reglas cambiantes que inhibe nuevos proyectos.
El resultado es un paÃs que produce, pero sin dinamismo.
Paradójicamente, mientras la industria se enfrÃa, el consumo interno se mantiene sorprendentemente resiliente. El mexicano compra, viaja, consume y mantiene viva la actividad económica, incluso cuando los indicadores industriales apuntan a la baja. En gran medida por la apreciación del peso. Pero depender del consumo como motor principal es riesgoso: es un impulso que no puede sostenerse indefinidamente sin inversión productiva detrás.
México tiene ventajas reales como la cercanÃa con Estados Unido; una mano de obra competitiva (aunque cada vez menos por los aumentos al salario mÃnimo), el potencial enorme en nearshoring, un mercado interno robusto y estabilidad macroeconómica relativa.
Sin embargo, carece de algo fundamental: una estrategia nacional de crecimiento. Sin claridad regulatoria, sin infraestructura suficiente y sin incentivos para inversión de largo plazo, el paÃs opera en modo “piloto automáticoâ€.
El nearshoring es la gran promesa, pero no basta con que las empresas quieran venir. Se necesita energÃa, agua, carreteras, seguridad jurÃdica y talento técnico. Sin eso, la oportunidad se diluye y se convierte en una narrativa más que en un motor real.
Un crecimiento de 0.5% no es una tragedia, pero tampoco es un destino. Es un recordatorio de que México tiene todo para crecer al 3% o 4%, pero sigue atrapado en sus propias limitaciones.
El paÃs no necesita milagros. Necesita dirección.
Y mientras esa dirección no llegue, México seguirá avanzando… pero a medio gas.