Las ciudades tambi茅n tienen afectos. Hay personajes que la autoridad les asigna un t铆tulo oficial y otros que, sin decreto alguno, terminan ocupando un lugar privilegiado en el coraz贸n de la gente. Saltillo tiene un ejemplo muy claro.
Desde su fundaci贸n, el 25 de julio de 1577, la ciudad naci贸 bajo la protecci贸n de Santiago Ap贸stol. No es casualidad que su nombre original fuera Villa de Santiago del Saltillo ni que la Catedral est茅 dedicada a 茅l.
Sin embargo, basta caminar por el centro hist贸rico durante los primeros d铆as de agosto para descubrir otra realidad. Miles de personas llegan para visitar al Santo Cristo de la Capilla.
Algunos lo hacen para agradecer un favor recibido; otros para cumplir una manda; muchos simplemente para renovar una tradici贸n familiar generacional.
La imagen del Santo Cristo lleg贸 a la ciudad a principios del siglo XVII. La tradici贸n cuenta que apareci贸 sobre una mula que, sin gu铆a alguna, se detuvo justamente en el lugar donde hoy se levanta su capilla.
La historia documentada ofrece una explicaci贸n distinta: habr铆a sido tra铆da por Santos Rojo, militar y comerciante espa帽ol que decidi贸 donarla para su veneraci贸n.
Hay otro dato que suele sorprender. El Santo Cristo no est谩 tallado en un pesado bloque de madera como aparenta, sino elaborado con pasta de ca帽a de ma铆z, una t茅cnica desarrollada por artesanos ind铆genas durante la 茅poca virreinal.
Gracias a ella pod铆an fabricarse im谩genes extraordinariamente ligeras y resistentes, capaces de recorrer grandes distancias sin sufrir da帽os.
Con el paso de los siglos, la devoci贸n creci贸. Las generaciones fueron heredando historias de favores concedidos, bendiciones y milagros.
As铆, sin reformas legales ni decretos eclesi谩sticos, la devoci贸n popular termin贸 siendo m谩s fuerte que cualquier nombramiento oficial. Santiago Ap贸stol sigui贸 siendo el patrono de derecho; el Santo Cristo de la Capilla se convirti贸 en el de hecho.
Cada 6 de agosto, cuando miles de peregrinos vuelven a llenar las calles del centro de Saltillo, no solo participan en una celebraci贸n religiosa. Tambi茅n renuevan un v铆nculo con la historia de la ciudad y con las generaciones que los precedieron.
Hay patronos que los nombra la historia. Y hay otros que, silenciosamente, los elige el pueblo.