Es sólo una encuesta

Descalificar las encuestas por sus resultados es como descalificar al microscopio o al telescopio por lo que se observa a través de ellos.
10/01/2020

‚ÄúNo disparen, soy encuestador‚ÄĚ, sol√≠a decir Mar√≠a de las Heras, c√©lebre pionera de la demoscop√≠a mexicana. Su frase, que record√© el lunes pasado con la publicaci√≥n de la encuesta de El Financiero sobre aprobaci√≥n presidencial, tiene varias aplicaciones, incluyendo que al encuestador le toca jugar la funci√≥n de mensajero. Aqu√≠ algunas reflexiones.

Al medir los gustos y las animadversiones de la gente, las encuestas pueden desatar pasiones. Y lo hacen no tanto porque sus resultados reflejan la naturaleza grupal, partidista y hasta tribal de las sociedades, sino porque les pone n√ļmeros y proporciones a los grupos, mostrando a unos como mayor√≠as y a otros como minor√≠as.

Por lo general, quienes concuerdan con la mayoría numérica suelen aceptar los resultados de las encuestas y algunos hacen propaganda con ellos. En contraste, quienes ven sus propias opiniones y posturas traducidas numéricamente como minorías suelen descalificar al instrumento. Ambos pueden olvidarse de que lo que se busca medir es precisamente la diversidad de opiniones que hay en una sociedad en un momento dado.

La encuesta es eso, un instrumento con metodolog√≠a y principios cient√≠ficos que, realizada con solidez √©tica y t√©cnica, ofrece informaci√≥n invaluable acerca de la sociedad y los grupos que la conforman. Esa informaci√≥n no solamente es interesante o noticiosa, sino que puede ser muy √ļtil para la toma de decisiones. Para un gobierno, tener √≠ndices de popularidad altos o bajos le da m√°rgenes de acci√≥n y de comunicaci√≥n diferentes. Para la oposici√≥n, esos mismos √≠ndices resultan cruciales para dise√Īar estrategias adecuadas de cooperaci√≥n o rechazo, con su debida argumentaci√≥n.

Descalificar las encuestas por sus resultados es como descalificar al microscopio o al telescopio por lo que se observa a trav√©s de ellos. ¬ŅQu√© vemos a trav√©s de las encuestas de opini√≥n p√ļblica? Desde mi punto de vista, podemos ver a una sociedad en continuo cambio, con valores, creencias y preferencias distintas, y cualquier esfuerzo por gobernarla, por ganar sus votos, por venderle productos, o por cualquiera que sea el objetivo, requiere entenderla a fondo. Las encuestas son una gran herramienta para ello.

Pero, a diferencia del microscopio, las encuestas suelen tener un impacto cuando se dan a conocer, y por eso quienes salen favorecidos por sus resultados los remarcan, y quienes no, los desde√Īan. Es una conducta estrat√©gica entendible: mientras que algunos califican al encuestador como honorable y profesional, otros lo se√Īalan como vendido y tramposo. A lo largo de los a√Īos me ha tocado ver muchos halagos e insultos a la profesi√≥n encuestadora, dependiendo de c√≥mo salen los resultados de las encuestas. Es normal, es esperable, es predecible, es estrat√©gico. Con o sin calificativos, la profesi√≥n encuestadora debe siempre guiarse bajo la convicci√≥n, la expectativa y la labor de medir de manera confiable los fen√≥menos de opini√≥n p√ļblica. Esa es su misi√≥n.

La periodista Gabriela Warkentin poste√≥ en Twitter que le daba ‚Äúun poco de risa que est√©n tan alterados por la encuesta‚ÄĚ de El Financiero y sugiri√≥ algo que le√≠ como un llamado a la serenidad: ‚ÄúYo les dir√≠a: es s√≥lo una encuesta‚ÄĚ. En parte Gaby tiene raz√≥n, la encuesta es simplemente el instrumento. Pero, por otra parte, lo que m√°s importa no es una encuesta en s√≠, sino lo que revela: la compleja diversidad social, el estado de √°nimo del pa√≠s, la distribuci√≥n de opiniones y preferencias, y la posibilidad de ver y entender a los distintos grupos de la sociedad.

Como bar√≥metros sociales que miden la presi√≥n y la direcci√≥n de los vientos de la opini√≥n p√ļblica, las encuestas nos permiten articular num√©ricamente nuestras realidades sociales y pol√≠ticas. Pero tambi√©n pueden influir en esa presi√≥n. Por eso, creo que se vale alterarse por sus resultados y reaccionar estrat√©gicamente a ellos, siempre y cuando no se normalice ni se legitime la agresi√≥n. La democracia es un sistema de convivencia pac√≠fica e institucional entre mayor√≠as y minor√≠as, de libre y leg√≠tima expresi√≥n de pasiones y partidismos, de competencia entre visiones y cosmovisiones distintas. Las encuestas nos ayudan a entender que la gente piensa diferente y en eso radica su principal funci√≥n social: ayudarnos a conocernos y, de ser posible, a valorarnos.

amoreno@elfinanciero.com.mx



ALEJANDRO MORENO es profesor del Departamento de Ciencia Política del ITAM y vicepresidente de la World Values Survey Association. Actualmente es Consultor/Director de Encuestas y Estudios de Opinión de El Financiero.

Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente el punto de vista de MOBILNEWS.MX

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