Carta al expresidente Luis Echeverr√≠a √Ālvarez

Verlo en su silla de ruedas, entero y en aparente buen estado de salud, me hizo caer en cuenta posiblemente tiene la lucidez suficiente para comprender el contenido de una carta.
21/05/2021

Se√Īor Echeverr√≠a:

Su sorpresiva aparici√≥n en el centro de vacunaci√≥n en el Estadio Ol√≠mpico de la UNAM el pasado 16 de abril me ha dado el impulso que necesitaba para escribirle esta carta. Verlo en su silla de ruedas, entero y en aparente buen estado de salud, acompa√Īado de familiares y guaruras, me hizo caer en la cuenta de que, si a sus 99 a√Īos usted mantiene la disposici√≥n para captar la atenci√≥n de los medios de comunicaci√≥n a trav√©s de esa peque√Īa pero significativa acci√≥n (la primera vacuna la recibi√≥ en casa, ¬Ņcierto?), posiblemente tiene la lucidez suficiente para comprender el contenido de una carta. Espero, pues, que esta misiva llegue a sus o√≠dos (tengo entendido que ya no puede leer).

Me pregunto si al llegar a Ciudad Universitaria usted habr√° recordado aquel 14 de marzo de 1975 en que los estudiantes lo abuchearon, le arrojaron una piedra y lo descalabraron. Esa fue la √ļltima generaci√≥n consciente de la clase de gobernante que era usted, as√≠ que mejor recibimiento no pudieron ofrecerle. ¬ŅRecuerda c√≥mo sali√≥ huyendo, presa de p√°nico, en un carrito a donde improvisadamente lo meti√≥ Jorge Carrillo Olea? Algo que con toda seguridad usted no recuerda, es que ese mismo 16 de abril se cumplieron 47 a√Īos de que un destacamento del ej√©rcito mexicano asesin√≥ a C√©sar Germ√°n Y√°√Īez Mu√Īoz y desapareci√≥ su cad√°ver en la finca El Diamante de la selva lacandona de Chiapas. Supongo que no lo recuerda porque desde el primer d√≠a de su sexenio hasta el √ļltimo, cientos de mexicanos fueron asesinados y desaparecidos, as√≠ que sus nombres dif√≠cilmente le pueden resultar familiares. 

Le recuerdo que Y√°√Īez Mu√Īoz era el m√°ximo dirigente de la organizaci√≥n armada denominada Fuerzas de Liberaci√≥n Nacional, a la que usted orden√≥ exterminar, en calidad de m√°ximo responsable de la conducci√≥n del pa√≠s. De Y√°√Īez Mu√Īoz y los miles de desaparecidos no volvimos a saber nada, mientras que usted se ha beneficiado tanto del manto de impunidad con el que lo han cobijado todos los presidentes que lo han sucedido, como de la costumbre de la sociedad mexicana de olvidarse de los temas importantes por atender los urgentes, de su sempiterna falta de exigencia de rendici√≥n de cuentas a los malos gobernantes, por m√°s graves que hayan sido sus faltas. Vicente Fox fue el √ļnico presidente en cuyo t√©rmino se iniciaron procesos legales contra usted por genocidio, pero todas las instancias de procuraci√≥n de justicia lo dejaron libre en el sexenio de Felipe Calder√≥n, bajo el argumento de la prescripci√≥n de los delitos y otras argucias sin valor jur√≠dico real. Por supuesto, nadie neg√≥ que usted hubiese perpetrado los cr√≠menes que le fueron imputados.

Usted ha tenido a su favor el ser un hombre extraordinariamente afortunado desde sus or√≠genes. Siendo el hijo de un modesto pagador del ej√©rcito, en 1945 contrajo nupcias con Esther Zuno Arce, la hija del que fuera probablemente el caudillo m√°s respetado del estado de Jalisco, Jos√© Guadalupe Zuno Hern√°ndez. Aunado a este acto de ascenso social instant√°neo, usted escal√≥ toda la jerarqu√≠a pol√≠tica del PRI hasta llegar a la presidencia, de la cual sali√≥ enriquecido inexplicablemente, como lo document√≥ la CIA, para la que usted trabaj√≥ algunas veces como informante a sueldo en el proyecto LITEMPO, ¬Ņlo recuerda? Corr√≠jame si estoy mal, pero tengo entendido que usted era LITEMPO-8. En lugar de haber ido a la c√°rcel por uno solo de sus cr√≠menes pol√≠ticos, econ√≥micos o contra la humanidad, usted ha tenido una vida longeva, holgada, sin ser molestado por sus enemigos del pasado y sin que nadie quiera ejercer venganza contra usted o los suyos. A nivel mundial, usted ser√° una figura desconocida, pero si le hici√©ramos promoci√≥n, no dudo que ser√≠a la envidia de otros dictadores y genocidas que no corrieron con tanta suerte y acabaron sus d√≠as en prisi√≥n o escondi√©ndose de sus rivales. ¬ŅC√≥mo es que alguien que hizo tanto da√Īo a un pa√≠s entero puede tener una vida tan privilegiada?, se preguntar√≠a cualquiera que leyera su biograf√≠a. No lo podemos negar, la vida ha sido generosa con usted en demas√≠a, es uno de esos misterios del universo que no estamos llamados a comprender. 

A estas alturas usted deber√° preguntarse por qu√© traigo todo esto a colaci√≥n. Le cuento que en mi calidad de historiadora, he dedicado 18 a√Īos de mi vida a estudiar su sexenio y el de su sucesor Jos√© L√≥pez Portillo, al que usted seguramente consider√≥ el peor de los traidores cuando recibi√≥ su nombramiento como embajador de Australia, Nueva Zelanda y las Islas Fiji, ¬°m√°s lejos no lo pudieron mandar! En sus memorias, JOLOPO tuvo el decoro de compararse a s√≠ mismo con uno de los personajes m√°s siniestro de la novela Saschka Yegulev de Leonid Andreyev: el gobernador que, a trav√©s de detenciones indiscriminadas y ejecuciones sumarias, extermin√≥ a la guerrilla de Yegulev en la Rusia de entresiglos. Es muy probable que JOLOPO albergara alg√ļn tipo de remordimiento por haber permitido que la Brigada Blanca, la Direcci√≥n Federal de Seguridad, el ej√©rcito y las polic√≠as acabaran despiadadamente con lo que quedaba de los grupos guerrilleros a nivel nacional a fines de los setenta. En el caso de usted, por m√°s que indago y leo sus discursos, entrevistas y declaraciones, nunca he detectado el menor asomo de arrepentimiento, por el contrario, estoy convencida de que usted se siente orgulloso de su gesti√≥n. Es as√≠ que quisiera preguntarle directamente por varios episodios que acontecieron a su paso por el servicio p√ļblico. Le pregunto porque las respuestas no las sabe nadie m√°s que usted y porque, aunque suene iluso, muchos mexicanos a√ļn aspiramos a saber toda la verdad.

Me gustar√≠a saber c√≥mo era su vida all√° por 1946, cuando era un mero empleado del general Rodolfo S√°nchez Taboada, el general poblano anticomunista que particip√≥ en la ejecuci√≥n de Emiliano Zapata. No entiendo c√≥mo es que usted se form√≥ pol√≠ticamente al lado de este personaje y d√©cadas despu√©s termin√≥ adoptando un discurso populista, condimentado con el lenguaje de la izquierda socialista de la √©poca. Tengo la impresi√≥n de que, en su largo camino de ascenso a la c√ļspide del PRI, usted debi√≥ manejar una ret√≥rica anticomunista y que esta le dio puntos que, aunados a otros m√©ritos burocr√°ticos, le permitieron ser nombrado subsecretario de Gobernaci√≥n en 1958. De usted se podr√°n decir muchas cosas, menos que no fuera perseverante, tenaz, astuto y oportuno. Adem√°s, todo un adicto al trabajo. Con la multitud de movilizaciones que hubo a finales de la d√©cada de los cincuenta y a lo largo de los sesenta, usted seguramente dorm√≠a tres horas al d√≠a o menos, en el arduo esfuerzo por espiar, infiltrar, contener y reprimir a esos mexicanos malagradecidos.

No alcanzo a imaginar la energ√≠a que usted invirti√≥ en ese esfuerzo de contenci√≥n contra ferrocarrileros, maestros, m√©dicos, petroleros, telegrafistas, estudiantes y todo g√©nero de sindicalistas que luchaban por la democracia y la independencia sindical. Ser√≠a muy extensivo enumerar cada acto de violencia estatal en el sexenio de L√≥pez Mateos, pero si usted pudiera responder por uno solo, le preguntar√≠a, ¬Ņqui√©n ide√≥ el plan para encarcelar a diez mil ferrocarrileros en 1959? ¬ŅDe qui√©n fue la iniciativa para encarcelar indefinidamente a Valent√≠n Campa, Demetrio Vallejo y otros l√≠deres del movimiento? ¬ŅFue una maquinaci√≥n del presidente o una propuesta del subsecretario de Gobernaci√≥n que los jefes aprobaron de inmediato? Tal vez le parezca una pregunta muy b√°sica, pero sabe, en los archivos de Gobernaci√≥n que sus empleados nos hicieron el favor de preservar, no es nada claro el funcionamiento de su dependencia, pues pareciera que el presidente s√≥lo recib√≠a informes y que quienes orquestaban la represi√≥n eran los chicos de Bucareli. Sin embargo, es dif√≠cil creer que la m√°xima autoridad del pa√≠s no estuviera directamente involucrada en esos avatares. Sobre todo, porque en 1961 L√≥pez Mateos tom√≥ la iniciativa de construir la prisi√≥n clandestina para civiles en el Campo Militar n√ļm. 1.

Otro caso que me intriga profundamente, es el del agrarista morelense Rub√©n Jaramillo M√©nez, ultimado en 1962. D√≠game se√Īor Echeverr√≠a, ¬Ņa qui√©n se le ocurri√≥ asesinar a Jaramillo estando amnistiado, con todo y su familia, incluyendo a su esposa embarazada? Puesto que los asesinos fueron militares, no me queda claro si usted o su jefe D√≠az Ordaz tuvieron alguna intervenci√≥n, aunque desde luego el presidente L√≥pez Mateos es quien ha llevado la mancha hist√≥rica por el multihomicidio. Sin embargo, detr√°s de un crimen con ese nivel de perversidad suele estar la mente maestra de un soci√≥pata. Usted es el que m√°s se aproxima a ese perfil, aunque no me meter√© en especulaciones, pues desde luego tambi√©n pudo haber sido una iniciativa del secretario de la Defensa, Agust√≠n Olachea. ¬ŅUsted y sus jefes eran conscientes de que, con cada acto represivo, lejos de acabar con la izquierda, estaban creando las condiciones para un movimiento s√ļper radicalizado? Porque lo que hicieron en estados como Morelos, Guerrero y Chihuahua no tiene nombre, puras masacres y ejecuciones, ¬Ņas√≠ c√≥mo no se iba a levantar la gente en armas?

Volvamos a su rol estelar como subsecretario y despu√©s secretario de Gobernaci√≥n. ¬ŅQu√© sinti√≥ cuando su jefe D√≠az Ordaz le otorg√≥ este √ļltimo nombramiento? De acuerdo con los c√≥digos pol√≠ticos de la √©poca, de esa secretar√≠a a la presidencia no hab√≠a m√°s que un corto trecho. ¬ŅUsted se frot√≥ las manitas aquel 1¬ļ de diciembre de 1964, en que D√≠az Ordaz asumi√≥ el poder? ¬ŅSe proyect√≥ a s√≠ mismo en ‚Äúla grande‚ÄĚ? Porque vaya que usted se esmer√≥ para conseguirla. No hubo trabajo dif√≠cil, por m√°s sucio e inmoral que fuera, al que usted se hubiera rehusado. En verdad, lamento que de los cientos de actos represivos a nivel cotidiano que acontecieron en los sesenta a lo largo y ancho del pa√≠s, la gente s√≥lo recuerde la masacre de Tlatelolco, en la que usted tuvo una participaci√≥n destacada. Un exmilitar me dec√≠a que usted ten√≠a una mente tan enferma que probablemente coloc√≥ altavoces en la plaza de Tlatelolco, para magnificar el sonido de los disparos aquella tarde del 2 de octubre de 1968. No tengo forma de comprobarlo, pero pedirle a los agentes de la Direcci√≥n Federal de Seguridad que dieron la orden para iniciar el tiroteo en el edificio Chihuahua, que se identificaran con un pa√Īuelo blanco ‚Äďpara diferenciarse de los militares del Batall√≥n Olimpia que ten√≠an un guante blanco‚Äď, suena como algo que usted pudo haber ordenado.

Ver√°, don Luis, de tanto estudiar su biograf√≠a y sus pol√≠ticas p√ļblicas, algo que me llama la atenci√≥n es que usted era un perfeccionista, ya que estaba urgido de reconocimiento. No por nada el Departamento de Estado de los Estados Unidos se refiri√≥ a usted como un megal√≥mano y amante de los reflectores en el perfil interno que le elaboraron, cuando usted tuvo la osad√≠a de querer ser Secretario General de la Organizaci√≥n de Naciones Unidas, al t√©rmino de su mandato. Los yankees lo rechazaron por considerarlo un individuo sin sofisticaci√≥n, demasiado b√°sico, puritano, impredecible. ¬ŅUsted sab√≠a que no lo ten√≠an en un buen concepto, pese a todo lo que hizo por ellos? Bueno, ese no es el punto, sino que analizando lo del pa√Īuelo blanco, concluyo que es algo que hubiera hecho el licenciado Echeverr√≠a, tan obsesionado como estaba por controlar hasta el m√°s m√≠nimo detalle. Yo s√© que usted sabe cu√°ntas personas fueron asesinadas en Tlatelolco y d√≥nde fueron sepultadas, pues le√≠ los reportes de la secretar√≠a a su cargo donde enlistaron los nombres de una veintena de muertos y mencionan el seguimiento que los agentes de la DFS dieron a las hospitalizaciones de los heridos y los entierros de un par de estudiantes. El problema es que los informes est√°n incompletos, ¬Ņtendr√° usted una copia de los faltantes, acaso? Tampoco sabemos qu√© pas√≥ con las fotos y videos que fueron tomadas ese d√≠a por √≥rdenes de usted y los que le fueron requisados a la prensa, ¬Ņqu√© hizo con ellos? Ya entrados en confianza, ¬Ņusted sinti√≥ algo al ver a decenas de ni√Īos, j√≥venes, mujeres y ancianos perforados por las balas y las bayonetas, o tuvo el alivio de quien extermina una plaga en su domicilio? ¬ŅEn alg√ļn momento se sinti√≥ como un leviat√°n?

Los conspiracionistas dicen que usted urdi√≥ todo, desde el movimiento estudiantil hasta su desenlace, para asegurar la presidencia. A m√≠ me parece una interpretaci√≥n rid√≠cula, ya que las circunstancias del pa√≠s, tanto dom√©sticas como en relaci√≥n al contexto geopol√≠tico, eran muy complejas y de ning√ļn modo pod√≠an depender de un solo hombre. Adem√°s, el favoritismo de D√≠az Ordaz por su persona siempre fue evidente, ya que usted se lo gan√≥ a pulso, no con una masacre sino con miles de actos cotidianos de represi√≥n a los opositores al PRI. Por supuesto, no tengo duda de que la mente maestra detr√°s del 2 de octubre no fue D√≠az Ordaz sino usted. Curiosamente, su jefe realmente estaba convencido de haber salvado al pa√≠s del comunismo (¬Ņpues qu√© cosas le dec√≠a usted?) y por eso asumi√≥ toda la responsabilidad por semejante tropel√≠a, sin imaginar que el juicio de la posteridad le ser√≠a tan poco favorable. Por la buena estrella que siempre lo acompa√Īa, usted qued√≥ blindado de la memoria colectiva, pues a quien maldicen los estudiantes religiosamente cada 2 de octubre es al difunto D√≠az Ordaz y no a usted, que reposa tranquilo en su mansi√≥n de San Jer√≥nimo. 

A usted s√≥lo lo recuerdan como responsable de la masacre del 10 de junio de 1971, en que una vez m√°s, su genialidad represiva lo llev√≥ a utilizar al grupo paramilitar de los Halcones, disfrazados con camisas de Che Guevara, para acabar de tajo con la movilizaci√≥n estudiantil, pues seg√ļn usted, los activistas de izquierda no se plegaban a su generoso ofrecimiento de apertura democr√°tica, quer√≠an torearlo y les ten√≠a que dar un escarmiento. La gente tiende a pensar que el halconazo fue una masacre de menor intensidad respecto a la del 2 de octubre, pero yo las he comparado detenidamente y me parecen muy similares, incluido el n√ļmero de v√≠ctimas. Bueno, eso usted lo sabe mejor que yo, aunque los mexicanos nunca podremos contar a los ca√≠dos ya que, de acuerdo con el regente del entonces Distrito Federal, Alfonso Dom√≠nguez Mart√≠nez, usted orden√≥ que los cad√°veres fueran incinerados en el Campo Militar n√ļm. 1. 

Qu√© parad√≥jico que otros pri√≠stas supieran esto y lo ventilaran a√Īos despu√©s, mientras que un pu√Īado de intelectuales progresistas le compraron a usted su discurso (¬Ņo usted los compr√≥ a ellos?), seg√ļn el cual los emisarios del pasado quer√≠an sabotear a su administraci√≥n. Dichos intelectuales salieron a gritar sin empacho a los cuatro vientos: ‚ÄúEcheverr√≠a o el fascismo!,‚ÄĚ a pesar de que toda la izquierda sab√≠a que usted era el autor intelectual de las masacres del ‚Äô68 y el ‚Äô71. No est√° de m√°s recordar que Fernando Ben√≠tez, Carlos Fuentes y otros intelectuales de esos que se sub√≠an con usted al avi√≥n presidencial, nunca le pidieron perd√≥n a la sociedad por lavar la imagen de su administraci√≥n.

Si algo no ten√≠a usted era mesura. Apenas unos meses despu√©s del episodio vergonzoso del Jueves de Corpus, se decant√≥ por una cruzada contra el rock, justo en el momento en que dicho g√©nero musical se estaba convirtiendo en una industria plenamente integrada al capitalismo. El √©xito del festival de Av√°ndaro en septiembre de 1971, m√°s que un s√≠ntoma de rebeld√≠a juvenil, era un signo del √©xito comercial del rock. Usted hizo de ese g√©nero, ya para entonces inofensivo, el chivo expiatorio para condenar el cambio de √©poca, acusando a los portadores de esa m√ļsica de corroer a la juventud. No me queda claro, ¬Ņqu√© pens√≥ que ganaba usted prohibiendo el rock, como si fuera un vulgar dictador? ¬ŅQu√© fue lo que realmente gan√≥? ¬ŅO eran sus meras ganas incontenibles de reprimir todo lo que le disgustaba personalmente? 

El inesperado giro discursivo que usted dio a comienzo de su sexenio dej√≥ helados a propios y ajenos, en especial a personas que lo conoc√≠an desde hac√≠a d√©cadas, como su exjefe D√≠az Ordaz, quien cre√≠a que usted era un rabioso anticomunista. Y es que √©l no lo sab√≠a, pero usted result√≥ ser el camale√≥n por excelencia, incluso se hizo amigo personal de Fidel Castro para demostrar que usted no era un t√≠tere del imperialismo yankee sino un populista con simpat√≠as por los l√≠deres del socialismo latinoamericano (Castro y Allende), mientras a su exjefe de doce a√Īos lo mand√≥ de embajador a la Espa√Īa de Franco, como si hubiera querido deshacerse de una alima√Īa ponzo√Īosa. Usted era una verdadera caja de sorpresas, yo misma no termino de asombrarme de lo que usted hizo en apenas seis a√Īos de gobierno, ¬Ņcu√°nto tiempo m√°s me tomar√° averiguar sus secretos?

Le confieso que el aspecto que m√°s he estudiado de su periodo es la llamada guerra sucia. No se imagina cu√°ntas horas he dedicado a revisar los archivos desclasificados de la SEGOB. En esos millares de documentos he encontrado declaraciones de gente detenida y desaparecida, fichas signal√©ticas, cad√°veres, rostros torturados, pueblos enteros tomados por el ej√©rcito, civiles espiados, comunicaciones telef√≥nicas intervenidas, seguimiento a personajes de la far√°ndula, en fin, usted sabe mejor que yo lo que contienen esos archivos, ya que usted recib√≠a una copia diaria de lo que la DFS, la DGIPS y la SEDENA produc√≠an. M√°s dif√≠cil de digerir que los archivos han sido las entrevistas con sobrevivientes de sus pol√≠ticas de terror, pero entiendo que es un desprop√≥sito hablarle al verdugo del dolor que ocasiona entre sus v√≠ctimas. El soci√≥pata es el extremo opuesto del emp√°tico. Sabe, es muy perturbador pensar que todo aquello transcurri√≥ mientras usted recib√≠a a los exiliados latinoamericanos de izquierda con los brazos abiertos. 

El hijo de un militar me cont√≥ que, en su calidad de comandante en jefe de las fuerzas armadas, usted presidi√≥ el consejo de guerra que juzg√≥ a su padre por insubordinaci√≥n y traici√≥n. Usted pidi√≥ que el acusado fuera desaparecido de forma permanente, pero por una situaci√≥n familiar excepcional, otro militar logr√≥ hacerlo cambiar de opini√≥n y le perdonaron la vida. El susodicho sali√≥ libre despu√©s de varios a√Īos en las mazmorras del Campo Militar n√ļm. 1. No sabe cu√°ntas veces me he preguntado si usted decid√≠a peri√≥dicamente a qu√© personas desaparecer y a cu√°les liberar, o si dej√≥ eso en manos de sus siempre leales colaboradores, Mario Moya Palencia, Hermenegildo Cuenca D√≠az, Fernando Guti√©rrez Barrios, Luis de la Barreda Moreno. ¬ŅQui√©n tomaba esas decisiones? Desaparecer a mil o dos mil mexicanos se dice f√°cil pero fue un trabajo tremendo. A la mayor√≠a los tuvieron presos por semanas, meses o a√Īos, torturados, vejados, en condiciones infrahumanas. Usted destin√≥ secretamente una cantidad del presupuesto de la federaci√≥n para financiar estos actos lesivos para, finalmente, mandar a estas personas a ser ejecutadas, cremadas o arrojadas al mar desde aviones de la Fuerza A√©rea Mexicana. ¬ŅPor qu√©? ¬ŅHab√≠a algo que esos ciudadanos hubieran hecho que ameritara semejante despliegue de recursos por parte del Estado mexicano? Concedo que usted entr√≥ en p√°nico cuando los grupos guerrilleros empezaron a aparecer en cada rinc√≥n del pa√≠s, pero ¬Ņen verdad pens√≥ que esas c√©lulas desarticuladas y sin potencia de fuego iban a desestabilizar su administraci√≥n? Supongamos que s√≠ lo pens√≥, entonces acl√°reme, ¬Ņpor qu√© se aplicaban m√©todos de terror a los detenidos, muchos de los cuales no ten√≠an que ver con los guerrilleros, m√°s all√° del parentesco? Esto es sin duda lo m√°s grave de todo, pues siendo usted abogado, en lugar de cumplir con el debido proceso, orden√≥ que se ejerciera la m√°xima violencia contra gente que ya estaba sometida y a merced del aparato de seguridad.

No creo que nadie con sentido com√ļn pueda siquiera proponer que usted no tuvo nada que ver con estas operaciones sistem√°ticas de terror estatal. Yo lo conozco sin conocerlo, s√© de su af√°n de control, de su obsesi√≥n por los detalles y su sentido de omnipotencia narcisista. Bien har√≠a usted en decirnos la verdad que le neg√≥ a Rosario Ibarra, la madre que lo encar√≥ desde que su gobierno desapareci√≥ a su hijo en 1975. Esa verdad elusiva nadie la conoce mejor que usted, ya que usted fue el arquitecto del circuito desaparecedor. ¬ŅQui√©n m√°s pudo haber sido, si s√≥lo usted conoc√≠a los s√≥tanos del r√©gimen pri√≠sta desde 1946? Desde luego, no digo que usted lo haya hecho solo. Qu√© hubiera sido de usted sin la complicidad de miles de bur√≥cratas silenciosos, sanguinarios y eficientes.

Me intriga que haya tanto silencio en torno a su sexenio, habiendo tantas cosas por indagar. De esos temas desconocidos, me gustar√≠a preguntarle si la contrainsurgencia se financi√≥ con el dinero proveniente del narcotr√°fico, o si esa fue una innovaci√≥n de Jos√© L√≥pez Portillo. La contrainsurgencia no es barata, ¬Ņde d√≥nde salieron esos millones de pesos para mantener a miles de soldados en campa√Īa, con uniformes, pertrechos, parque, etc.? Trato de calcular lo que costaba la gasolina de los helic√≥pteros y aviones que se usaban todos los d√≠as para el transporte y desaparici√≥n de los presos y no me salen las cuentas. Eso sin mencionar los millones que usted destin√≥ a gasto social, los famosos programas de acci√≥n c√≠vica, para aplacar a los campesinos. Lo imagino a usted, recibiendo esos reportes sobre las comunidades rurales bombardeadas en la Sierra de Atoyac, Guerrero, donde el ej√©rcito llev√≥ a cabo un aut√©ntico genocidio contra la poblaci√≥n acusada de simpatizar con la guerrilla de Lucio Caba√Īas. Si no le importaba la gente, ¬Ņal menos le preocupaba todo lo que se estaba gastando? ¬ŅC√≥mo pensaba recuperar ese dinero? Cuando los estadounidenses hacen la guerra, los negocios florecen. En el caso de usted, sigo sin encontrar la l√≥gica econ√≥mica de su guerra sucia.

Me parece parad√≥jico que usted haya enfrentado cargos por el genocidio del 2 de octubre, que t√©cnicamente no fue un genocidio, y que nadie lo haya acusado por el genocidio real, demostrable e incontrovertible que cometi√≥ en Guerrero. Ya s√© que usted nunca tuvo empacho en eliminar civiles, al margen de su g√©nero, etnia o edad, pero ¬Ņen verdad pensaba que esos campesinos que estaban en el √ļltimo grado de la pobreza representaban una amenaza a la seguridad nacional, o que ten√≠an la m√°s m√≠nima probabilidad de derrotar al ej√©rcito mexicano, totalmente respaldado por su contraparte estadounidense? No, se√Īor Echeverr√≠a, no hay nada que justifique la sa√Īa con la que usted actu√≥ en Guerrero y, en general, contra cualquier civil que tuviera alg√ļn v√≠nculo directo o indirecto con los grupos guerrilleros.

Y ojal√° s√≥lo hubieran sido guerrilleros. No se me escapa que usted firm√≥ un convenio con el presidente Ford para intensificar la militarizaci√≥n de la lucha antinarc√≥ticos en 1975. A partir de entonces, el ej√©rcito se sinti√≥ en plena libertad de aplicar a los presuntos narcotraficantes los mismos m√©todos contrainsurgentes que usaban contra los presuntos guerrilleros. En el noroeste mexicano, especialmente en municipios como Badiraguato, Sinaloa, usted mand√≥ a sus huestes a agredir, torturar, violar, saquear y extorsionar a los campesinos, con la garant√≠a de impunidad total. Es factible que usted no tuviera la menor idea del problem√≥n que le estaba generando al pa√≠s, pues desde su centralismo exacerbado, pens√≥ que esos paisanos no ten√≠an ning√ļn valor ni peso pol√≠tico. Parafraseando a uno de los guerrilleros a los que usted desapareci√≥, Ignacio Arturo Salas Obreg√≥n, dirigente de la Liga Comunista 23 de Septiembre, ‚Äúquien siembra vientos, cosecha tempestades.‚ÄĚ El problema es que los vientos que usted y su camarilla sembraron, los tuvimos que cosechar muchas generaciones de mexicanos. Mire lo que son las cosas, algunos de esos campesinos a los que usted mand√≥ aterrorizar se convirtieron en sicarios hiperviolentos y l√≠deres del narcotr√°fico de clase mundial, como el famoso Chapo Guzm√°n de Badiraguato.

Es mucho lo que quisiera preguntarle a usted en torno al narcotr√°fico, ya que de acuerdo con la DEA algunos de sus cu√Īados Zuno eran traficantes de hero√≠na, pero me da la impresi√≥n de que, si usted ha sido tan parco con el tema de su afici√≥n a la violencia, con la cuesti√≥n del crimen organizado sus labios permanecer√°n sellados, pues tal vez ese y no otro sea el origen de la multiplicaci√≥n misteriosa de su riqueza. Usted dir√° que todos los pol√≠ticos se enriquecen en el servicio p√ļblico, que esos son los usos y costumbres no escritos de la pol√≠tica mexicana, pero desafortunadamente usted concluy√≥ su sexenio llevando al pa√≠s a su peor crisis econ√≥mica y a la primera devaluaci√≥n del peso en d√©cadas. Mientras millones de mexicanos padec√≠an las consecuencias de una pol√≠tica econ√≥mica irresponsable, usted se dispon√≠a a disfrutar de esa riqueza sospechosa. No he tocado hasta ahora su conflicto con el empresariado, pero para lograr que hasta la derecha lo detestara, usted tuvo que ser verdaderamente err√°tico en su conducci√≥n del pa√≠s.

Me queda claro que los beb√©s y ni√Īos torturados con toques el√©ctricos, los cientos de mujeres que fueron violadas multitudinariamente por polic√≠as y militares, los civiles que fueron arrojados al mar para que sus cad√°veres nunca fueran encontrados, las decenas de miles de familias destrozadas por la represi√≥n y las madres que no tienen una tumba d√≥nde llorar a sus hijos, nunca le han quitado el sue√Īo, pero usted no se va a salvar de la verdad hist√≥rica. Cualquier investigador que se ocupe de su persona y su sexenio con rigor, detenimiento y puntillosidad, descubrir√° la evidencia necesaria para concluir que usted cometi√≥ cr√≠menes de lesa humanidad, por los que desgraciadamente nunca ha sido juzgado, a pesar de su impactante longevidad. Yo sospecho que su impunidad no es s√≥lo debida a los buenos oficios de su abogado Juan Vel√°zquez, sino al hecho de que los pri√≠stas que le deben su carrera a usted, como Manlio Fabio Beltrones, a√ļn lo protegen. 

Lo que nadie ha estudiado hasta ahora es su capacidad para banalizar el mal. Nadie nos puede explicar c√≥mo es que despu√©s de contemplar las fotos y videos de los horrores que comet√≠an los aparatos de seguridad nacional contra miles de civiles, usted ten√≠a el aplomo para ir a escuchar a Olga Breeskin, como cualquier ciudadano com√ļn y corriente adicto a las ficheras. Muchas veces me he preguntado qu√© clase de pa√≠s puede producir a individuos como usted. He buscado explicaciones hist√≥ricas, sociol√≥gicas y hasta psicol√≥gicas. Por ejemplo, recuerdo las declaraciones de la periodista Isabel Arvide, ahora c√≥nsul de M√©xico en Turqu√≠a, quien asegura que fue amante de usted y menciona otros episodios pocos conocidos de su vida, como su presunta bisexualidad. De ser esto cierto, es indignante que usted tuviera la desfachatez de acusar a los guerrilleros de ser homosexuales en su cuarto informe presidencial, usando esa categor√≠a para estigmatizar, como si fuera algo negativo y repudiable, siendo que el no heterosexual era usted.

Esto me hace rememorar al personaje Galio de la novela hom√≥nima de H√©ctor Aguilar Cam√≠n, quien es un homosexual de closet. Galio est√° inspirado en uno de los colaboradores de usted en la vida real, Emilio Uranga, art√≠fice de la guerra psicol√≥gica contra la izquierda. Forzando un poco la interpretaci√≥n de la novela, uno pensar√≠a que esos individuos de personalidad de suyo sociop√°tica, que fueron obligados por la sociedad a habitar en el cl√≥set y circunstancialmente se vieron colocados en la cima del poder, ejercieron una venganza despiadada contra todos, haci√©ndoles saber lo que es vivir en un r√©gimen represivo. ¬ŅFue ese su caso, se√Īor Echeverr√≠a? Quiero enfatizar el aspecto de la personalidad sociop√°tica, pues desde luego la gente obligada a habitar el cl√≥set en general no construye circuitos de exterminio. Seguramente me estoy desviando al meterme en un √°rea que no es de mi competencia profesional, pero cr√©ame, le he dado tantas vueltas al asunto, intentando buscar una explicaci√≥n a la crueldad extrema que usted despleg√≥ como servidor p√ļblico, que me frustra enormemente no tener una buena interpretaci√≥n al respecto.

Dec√≠a el gran Cervantes que la verdad siempre flota sobre la mentira como el aceite sobre el agua. Lamentablemente, no es as√≠, la verdad no se produce de forma autom√°tica y sin esfuerzo. Mucho menos en el caso en que los perpetradores de atrocidades escapan a cualquier control democr√°tico, ciudadano y jur√≠dico para ser llamados a cuentas y juzgados conforme a derecho. Sospecho que, as√≠ como usted nunca ha tenido el valor de darle la cara a la sociedad mexicana por todo el da√Īo que le caus√≥, mucho menos dar√° respuesta a esta carta. S√≥lo espero que ya no tenga los instrumentos para hostigarme, aunque con usted y sus adeptos uno nunca sabe. Sin embargo, ni siquiera la perspectiva de recibir un da√Īo por parte de usted ser√≠a impedimento para dar a conocer los acontecimientos de su sexenio; es mi deber ciudadano explicar c√≥mo la violencia de la que usted fue en gran medida protagonista, nos dej√≥ un legado muy dif√≠cil de sobrellevar a las nuevas generaciones de mexicanos. Por supuesto, no lo culpo de todo, pero su sexenio fue una de las peores calamidades en ese rosario de adversidades que caracterizan a la historia mexicana. Espero que usted viva muchos a√Īos m√°s, para que constate que el juicio de las nuevas generaciones sobre usted no ser√° nada benigno. Usted borr√≥ a los desaparecidos del mapa, pero no hay poder humano capaz de borrar toda verdad hist√≥rica. Tenga la plena certeza de que usted pasar√° a la historia como uno de los poqu√≠simos mexicanos a los que se les puede calificar de genocidas.

Atentamente,

Adela Cedillo

Historiadora 



ADELA CEDILLO es Doctora en Historia de AmeŐĀrica Latina por la Universidad de Wisconsin-Madison Es licenciada en Historia y maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional AutoŐĀnoma de MeŐĀxico. Ha publicado artiŐĀculos en revistas indexadas y de divulgacioŐĀn y capiŐĀtulos en obras colectivas sobre la guerra sucia mexicana, las organizaciones armadas revolucionarias, los derechos humanos y la guerra contra las drogas.

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