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Anhelan campesinos de Colombia liberarse del yugo del narco

Publicado el Jue, 25/05/2023

EFE

Ungu√≠a, Colombia, 25 May.- El ruido de un helic√≥ptero militar resuena sobre las extensas laderas sembradas de coca en Ungu√≠a y en las carpas bajo las cuales los campesinos de esta zona de la frontera colombo-paname√Īa transforman la hoja en pasta de coca, una actividad que les gustar√≠a dejar atr√°s.

Sin embargo, su esperanza choca con la apatía de un Estado ausente, del que solo conocen la cara militar, y con el Clan del Golfo, el grupo armado ilegal que controla el negocio del narcotráfico en gran parte del país.

Sembrar ma√≠z, pl√°tano o arroz es menos rentable que sembrar coca, eso lo saben los campesinos de Ungu√≠a (Choc√≥), en el noroeste, que a√Īoran volver a esas labores, pero saben que cultivar la mata les puede dar dinero y a la vez muchos problemas.

"Vino el Gobierno (Polic√≠a Antinarc√≥ticos) y qu√© fue lo que vinieron a hacer. A quemarnos las caletas", dice a EFE nervioso El√≠as Caro, presidente de la Junta de Acci√≥n Comunal de la vereda El Naranjo, sobre las operaciones contra cultivos il√≠citos.

Tras la quema de varias "caletas" en la zona por parte del Ejército hace unas semanas, el Presidente Gustavo Petro celebró la destrucción de varios "laboratorios" como parte de su política de priorizar incautaciones a erradicaciones forzosas.

Los campesinos se quejan de estos operativos, pues estos laboratorios que llaman "caletas", son un r√ļstico complejo de 20 metros cuadrados, con techo de pl√°stico y piso de tierra.

En estas estructuras, con una guada√Īa pican la hoja para que libere sustancia y posteriormente lo fermentan con un c√≥ctel de qu√≠micos con amonio, √°cido sulf√ļrico, gasolina, cemento y cal para obtener la pasta o base de coca.

"Llegan y lo pasan por las noticias, que son unos laboratorios de grupos ilegales que operan en la zona. Y no es as√≠ (...) est√°n atropellando al campesino, no est√°n debilitando a ning√ļn grupo ilegal", reafirma.

MUCHA PLATA, POCAS GANANCIAS

Los campesinos calculan que para producir un gramo de pasta de coca es necesario recolectar una arroba de hojas, tarea que realiza un "raspachín" al que le pagan 8.000 pesos (1,79 dólares) por cada arroba recolectada.

Este mercado, que ha sufrido una bajada de precios, está regulado por quien lo gobierna, el Clan del Golfo, y cada gramo de pasta de coca se cotiza a 3.100 pesos (0,67 dólares), pero en ocasiones la producción a baja escala en sus cultivos es insuficiente para costear los gastos mientras las matas vuelven a estar listas para una nueva recolecta.

"Estos cultivos no est√°n siendo rentables", refiere a EFE Tom√°s Fandi√Īo, presidente de la Asociaci√≥n de Cocaleros de Ungu√≠a, quien admite que en la cadena del narcotr√°fico ellos son un peque√Īo eslab√≥n que debe lidiar con la persecuci√≥n de las autoridades y donde el dinero se lo quedan las redes ilegales.

"Estamos entre la espada y la pared, el Gobierno dice una cosa y los grupos armados otra. Y al final llevamos garrote de todo mundo", dice.

Adentr√°ndose en la monta√Īosa y selv√°tica frontera de Colombia y Panam√°, miles de √°rboles talados dan paso al verdor brillante de la coca, pero los cocaleros afirman: "Realmente a nosotros no nos sirve el negocio como est√° planteado ahora".

Insisten que las Autodefensas Gaitanistas de Colombia -o "la Empresa", como ellos llaman al Clan del Golfo- en sus temas no se meten, pero cuando se pregunta quién compra la pasta de coca entre susurros un campesino afirma: "el brazo financiador de los paramilitares".

Es un negocio por el que el Clan del Golfo tiene amenazados a pueblos enteros en el Caribe y Pacífico, donde la prioridad son los envíos que acaban en manos de grupos mexicanos o internacionales y por ello matan y desplazan a su población.

MENSAJE AL GOBIERNO

Tanto Caro como Fandi√Īo ponen sus esperanzas en la nueva pol√≠tica de lucha contra las drogas del Gobierno que busca darle ox√≠geno a peque√Īos cultivadores, pero asfixiar a traficantes, lavadores de activos y grupos que viven del negocio, en un momento en que las hect√°reas cultivadas baten r√©cords y el a√Īo pasado se situaron en 204.000 en el pa√≠s.

Piden al Estado que los atienda "y que escuche a los campesinos de Unguía que están obligados a sembrar la hoja de coca porque no hay otra alternativa", dice Caro, mirando a ratos a la avioneta que sobrevuela y que hace unas semanas se posó para incendiar sus parcelas.

Aunque los campesinos dicen estar dispuestos a participar en el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), que se estableció en el acuerdo con las FARC, dejan claro que solo lo harán cuando llegue el Estado.

Y que lo haga no en los helic√≥pteros militares sino con programas sociales que mejoren las v√≠as de acceso y compr√°ndoles cosechas sin intermediarios. Pero, de momento, los √ļnicos que les han mejorado las v√≠as son el Clan del Golfo.

"Acá han venido tres veces a erradicar, y el Gobierno nunca nos ha traído un proyecto productivo", apunta Caro.

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