Verónica Valencia

QUBITS
Que una postura sea ruidosa, viral o aplaudida por la mayoría en redes sociales, no significa que sea la correcta. La verdadera libertad de pensamiento es formar un criterio propio, aunque sea difrente al de la mayoría.


Quizá el mayor riesgo de esta época no sea la existencia de discursos intolerantes. Es creer que, si miles de personas aplauden un ataque, entonces ese ataque deja de ser incorrecto.


Durante años pensamos que el reto era crear campañas cada vez más llamativas. Hoy el verdadero desafío es otro: construir marcas con personalidad suficiente para generar conversaciones auténticas.


No hay estrategia publicitaria, por más brillante que sea, capaz de camuflar la frivolidad de gobernar para el aparador.


No es lo mismo una marca de snacks haciendo memes del partido de futbol, que una firma financiera, un despacho profesional o una aseguradora intentando entrar al trend solo porque “todos lo están haciendo”.


Cuando la comunicación interna queda completamente separada del marketing, empiezan los problemas con el cliente. La solución parece simple que todos entiendan qué está prometiendo la empresa y cómo sostener esa promesa en el día a día.


La mayoría de las empresas invierten miles o millones en campañas hacia afuera, publicidad, imagen, logotipo, uniformes; pero la realidad es que ninguna estrategia de marketing funciona si el negocio no está alineado hacia adentro.


Elegir a alguien por su número de seguidores puede parecer una decisión “basada en datos”, cuando en realidad muchas veces es solo vanidad digital disfrazada de estrategia.


A la ciudad de las montañas, todos los días llegan cientos de personas buscando oportunidades. Sin embargo, no todos son vistos igual porque el clasismo en Monterrey es funcional, no accidental.


El momento más importante para una marca no ocurre cuando lanza una campaña, sino cuando enfrenta un problema con un cliente. Es ahí donde se revela si la cultura de servicio existe.


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