En 1950, Jack Kerouac realizó un viaje por las carreteras de Estados Unidos y México que cambiarÃa su vida y lo inspirarÃa a escribir un libro que influyó a una generación de artistas de diversas esferas: cineastas, músicos y escritores. En el camino (On the Road, 1957) se convertirÃa en libro de culto para la juventud norteamericana dispuesta a luchar contra las convenciones sociales de la época.
Hay muchas razones por las cuales uno deberÃa leer el libro de Kerouac: por su prosa espontánea, su musicalidad, su espiritualidad, por su visión social, etc. Pero a mà me gusta recomendar su lectura debido a dos párrafos no muy extensos donde describe a la ciudad de Monterrey.
“Cogimos la carretera de Monterrey…. No encontramos a nadie en esta carretera de montaña. Serpenteaba entre nubes y nos llevó a una gran meseta. En la lejanÃa, la gran ciudad industrial de Monterrey mandaba humo al cielo azul con las enormes nubes del golfo como vellones de lana.â€
¡Qué visión! Hermosa sorpresa me llevé cuando leà por primera vez esta frase de Jack Kerouac. Me abrió los ojos a un Monterrey que jamás conocÃ, ya que nacà varias décadas después de que el escritor norteamericano viajara por tierras regiomontanas. Sumergido en la lectura, inmediatamente quise continuar el recorrido con él por las calles de Monterrey, el Monterrey de mis abuelos durante su juventud. Mis abuelos no hablaban mucho sobre Monterrey, o mejor dicho, no hablaban sobre él conmigo. Las historias que conozco sobre el Monterrey de los cincuenta son en realidad las historias sobre mis abuelos que mis padres me han contado. Las historias pretendÃan explicar más sobre la vida de mis abuelos que de Monterrey, la ciudad era sólo el escenario.
También habÃa escuchado historias sobre el Monterrey de la época de Kerouac en la escuela y en la televisión local: una ciudad de progreso y trabajo duro, con una educación pública y privada con miras a la modernidad. Cuando Kerouac visitó Monterrey grandes grupos industriales dominaban la economÃa de la región (Alfa, FEMSA, IMSA, CEMEX, etc.); el ITESM impartÃa educación tecnológica basada en metodologÃas norteamericanas, y la UANL contaba con su ahora mÃtico rector Raúl Rangel FrÃas, quien expandirÃa notablemente la oferta educativa de la misma. ¡Vaya momento para la ciudad de las montañas! QuerÃa seguir con la lectura y conocer todo lo posible del pasado de Monterrey desde la perspectiva de un viajero extranjero. La narración continúa:
“Entrar en Monterrey era como entrar en Detroit. Se avanzaba entre las altas paredes de las fábricas. Pero habÃa burros tomando el sol sobre la yerba y extensos barrios de casas de adobe con miles de ociosos [shifty hipsters] apoyados en la puerta y putas asomadas a la ventana y tiendas extrañas donde se podÃa vender cualquier cosa y estrechas aceras atestadas de gente como las de Hong-Kong.â€
Esta frase llamó aún más mi atención. Me abrió los ojos a un pasado de Monterrey del que nunca nadie me habÃa hablado, del que nunca habÃa leÃdo. El de la vida diaria de las personas de la ciudad, del regiomontano común. En la novela el narrador se muestra tan intrigado por la ciudad que quiere detenerse a conocerla, pasear por sus calles y sumergirse entre la gente. Lamentable no lo hace. Continúa su viaje hacia la Ciudad de México.
Aquel dÃa que leà a Kerouac aprendà que hay mucho más de Monterrey que su estereotipada historia del progreso. Y ahora que recuerdo una vez más su novela, me pregunto sobre el presente de Monterrey. ¿Qué conocerán sobre él los futuros regiomontanos? ¿Conocerán la historia sobre la construcción de magnánimos estadios con apoyos públicos; la instalación de empresas en terrenos donados y beneficiadas con exenciones tributarias; la precaria expansión del sistema del transporte público de la ciudad; las grandes obras hidráulicas iniciadas debido a crisis por la escasez del agua, o conocerán la historia de los grandes proyectos inmobiliarios que han ocasionado gentrificación y marginación?
¿O les dejaremos al regiomontano del futuro también las historias de las personas que carecen de servicios públicos; de los migrantes domésticos, centroamericanos y caribeños que buscan hacer una vida en la ciudad; de aquellos que sufren de desigualdad social y económica; de los jóvenes que desertan la educación básica obligatoria; de quienes sufren de depresión y ansiedad por las presiones productivas de la sociedad del consumo y el capitalismo del me gusta, o conocerá la vida de las vÃctimas de las violencias estructurales?
Espero que esta columna sea un lugar donde habite la voz de las personas que suelen ser ignoradas en las historias sobre Nuevo León, que ayude a visibilizar un poco las distintas perspectivas sobre cómo se vive en este Estado, para asà buscarle la forma a este Nuevo León apeirogonal.