La era del dinero barato terminó

En un mundo de tasas altas, México no puede depender del financiamiento barato externo; necesita productividad, infraestructura y disciplina fiscal.
05/08/2026

La crisis financiera global de 2008 inauguró una etapa de tasas de interés extraordinariamente bajas y una expansión monetaria sin precedentes. Entre 2009 y 2021, la Reserva Federal mantuvo su tasa objetivo entre 0 y 0.25% durante largos periodos. El Banco Central Europeo, por su parte, llevó su tasa de depósito a territorio negativo entre 2014 y 2022. La pandemia de COVID-19 profundizó aún más esta política monetaria acomodaticia, mientras los bancos centrales expandían sus balances para sostener la liquidez global.

Este entorno generó una demanda masiva por financiamiento barato. Los créditos se abarataron, impulsando el endeudamiento de hogares, empresas y gobiernos. Las tasas hipotecarias históricamente bajas estimularon la compra de viviendas; la liquidez abundante alimentó el rally bursátil; y los activos de alto riesgo, como las criptomonedas, se beneficiaron de la búsqueda de rendimientos en un mundo de tasas cercanas a cero. Los gobiernos también aprovecharon esta coyuntura para financiarse con deuda barata.

Sin embargo, este exceso de liquidez, combinado con disrupciones en cadenas de suministro, desembocó en un repunte inflacionario global. Los bancos centrales respondieron con aumentos agresivos de tasas. Al mismo tiempo, la deuda pública se disparó: Estados Unidos supera ya el 123% del PIB, la zona euro ronda el 89% y Japón se acerca al 250%, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Más recientemente, los conflictos en Medio Oriente han presionado al alza los precios de combustibles, transporte y alimentos, debido al encarecimiento de fertilizantes. A esto se suma un entorno comercial más proteccionista, con nuevos aranceles que elevan los costos de bienes finales. En respuesta, los bancos centrales han iniciado un proceso de reducción de liquidez para contener presiones inflacionarias persistentes.

Todo indica que esta nueva etapa de tasas elevadas será prolongada. El resultado es claro: mayor costo financiero para gobiernos, capital más caro para empresas, créditos más costosos para hogares y un crecimiento potencial más bajo tanto en economías avanzadas como emergentes. La era del dinero barato permitió financiar proyectos marginales; la nueva era solo financiará proyectos productivos.

En México, los efectos ya son visibles. El crecimiento potencial es de apenas 1.6%, según el FMI. La inversión pública se encuentra en mínimos históricos, alrededor del 2% del PIB, de acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). El déficit fiscal aumenta ante mayores costos financieros. En un mundo de tasas altas, México no puede depender del financiamiento barato externo; necesita productividad, infraestructura y disciplina fiscal.

La era del dinero barato terminó. Y el mundo apenas comienza a entender sus consecuencias.

jgarza@grupogamma.com.mx



JESÚS GARZA es director general de Soluciones Financieras GAMMA, CEO de Miri Capital LLC e investigador no residente de Baker Institute en la Universidad de Rice. Tiene un doctorado en Finanzas y maestría en Economía Financiera, ambas por la Universidad de Essex en el Reino Unido.

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