Cada octubre, el rosa llena calles, campanas y totogratias. Pero el simbolo no alcanza a mostrar lo que hay detras: el miedo de un diagnóstico, los cambios en el cuerpo, la incertidumbre y los dias grises.
A veces, entre tanto rosa, queda fuera la parte más intima y difícil de la enfermedad.
Hace un año escribi sobre una de mis mejores amigas y una frase suya que sigue conmigo: «El cáncer de mama, de rosa no tiene nada».
Hoy vuelvo a esa idea para reconocer a quienes han atravesado la enfermedad fuera de los listones y las imagenes perfectas.
A quienes enfrentaron consultas, tratamientos y momentos dificiles en la intimidad, junto a su familia, sus médicos y las personas que supieron quedarse.
La enfermedad forma parte de su historia, pero no las define. Mi amiga es mucho más que lo que vivió: es una mujer que admiro y agradezco tener cerca.
Su lucha fue personal, aunque el amor y la compania hicieron más llevadero el camino.
Hacerles honor también es mirar más allá del simbolo: hablar de prevención, animarnos a revisarnos y acompanar sin exigir sonrisas ni fortaleza.
No se trata de pedirles que conviertan el dolor en una historia inspiradora, sino de reconocer su realidad y estar presentes.
Octubre puede vestirse de rosa, pero cada experiencia es distinta y merece ser escuchada con respeto.
A quienes han vivido esta lucha, y a quienes caminaron a su lado, les debemos algo más que un liston: presencia, cuidado y memoria.