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Atlético-Arsenal y PSG-Bayern Múnich, las semifinales de la Liga de Campeones

Publicado el Mié, 15/04/2026

EFE

Madrid, 15 Abr.- El Atlético de Madrid se enfrentará al Arsenal y el Bayern Múnich al París Saint-Germain en las semifinales de la Liga de Campeones, después de la clasificación este miércoles del conjunto alemán contra el Real Madrid y del equipo inglés frente al Sporting de Portugal.

El Atlético jugará primero con el Arsenal en el Metropolitano, el próximo 29 de abril, miércoles, y después en Londres, en el estadio Emirates, el martes 5 de mayo.

La eliminatoria entre el PSG y el Bayern comenzará el martes 28 de abril en el Parque de los Príncipes de París y concluirá con la vuelta el miércoles 6 de mayo en el Allianz Arena de Múnich.

La final se disputará el 30 de mayo próximo en Budapest.

El Arsenal pasa con lo justo y se cita con el Atlético

NO LE ALCANZA AL REAL MADRID

El Real Madrid murió en la orilla de la remontada, envuelto en una épica insuficiente para batir al Bayern Múnich, que firmó una victoria (4-3) con la que terminó la temporada del equipo de Ãlvaro Arbeloa tras despedirse con dignidad de la última bala que en otras ocasiones dio en la diana: la Liga de Campeones.

El despertar blanco, con la Supercopa, la Copa y la Liga perdidas, llegó tarde. No tenía más opciones y dio todo lo que tenía en el Allianz Arena. Firmó un primer tiempo desatado, se encorsetó en el segundo e hincó la rodilla en el 87, cuando Luis Díaz marcó el 3-3 justo después de la expulsión de Camavinga, otra vez señalado. Un final cruel.

Y es que hay noches en Europa que no se explican, se sienten. Y esta empezó con un guiño inesperado del destino, de esos que tanto le gustan al fútbol y tanto desconciertan a la lógica. Porque en el escenario del Allianz Arena, donde se esperaba el ruido de Mbappé, la electricidad de Vinícius o el mando de Bellingham, emergió un nombre que no figuraba en los focos entre tanto debate: Güler.

Y lo hizo sin pedir permiso. A los 39 segundos. Ni uno más. Un error impropio de Neuer, gigante en la ida, abrió la puerta. Mala entrega, balón al centro, y Güler, sin domesticarlo siquiera, lo envió directo a la red. Así, sin prólogo. El Real Madrid igualaba la eliminatoria antes de que el partido se sentara en la mesa.

Ese gol no calmó nada, al contrario: encendió una primera parte de esas que justifican el precio de la entrada. Ida y vuelta, vértigo y determinación. El Real Madrid, fiel a su naturaleza, sin bandera blanca en el equipaje. El Bayern, con el mismo once ganador del Bernabéu, con una presión asfixiante, como si cada balón fuera el último y ahogando la salida blanca.

El equipo de Arbeloa -con Ferland Mendy para contener a Olise y Brahim Díaz en lugar de un dubitativo Camavinga- no lograba gobernar el partido, pero sí tenía colmillo. Y en Europa, eso basta para seguir con vida.

El Bayern respondió pronto. A los cinco minutos, cuando un córner encontró la cabeza de Pavlovic bajo la línea. Lunin midió mal la salida y Alexander-Arnold se quedó a medio camino. Empate. Vuelta a empezar. Y ahí el partido se convirtió en una prueba de resistencia.

Durante 25 minutos el Bayern apretó, dominó, empujó al Madrid hacia su área. Pero cuando parecía que el guion tenía dueño, volvió Güler. Falta al borde del área, perfil zurdo, y un disparo cercano a la escuadra de Neuer: golazo, el que reclamaba el madridismo.

Pero no era noche de administrar ventajas. Era noche de sobrevivir a los golpes. Avisó Kimmich, insistió Stanisic y respondió Lunin hasta que apareció lo inevitable: Harry Kane. Porque Kane no suele perdonar. Y no perdonó. La jugada nació en una grieta central que encontró Upamecano, con Alexander-Arnold otra vez distraído. Control, pausa y definición. Gol. Empate otra vez. Pulso intacto.

Y cuando el descanso ya asomaba, el Real Madrid recordó quién es. Primero un aviso de Vinícius al larguero. Después, el tercer martillazo: contra perfecta, definición de Mbappé ante Neuer y 2-3. Así, sin anestesia. Porque el Real Madrid, cuando parece sometido, no se rinde. Y menos en la Liga de Campeones.

El segundo acto se presentaba frenético y no apto para cardíacos, pero más de contención y más tacticismo, porque el final estaba cerca. No había espacio para más errores, podían ser fatales. El Bayern insistió con la pelota, cerca del área, pero con menos físico para la presión y más espacio para las contras del Real Madrid.

Esto generó huecos para la velocidad de Mbappé, que desequilibró en varias ocasiones. La más clara al principio y a la que respondió Neuer. En el otro lado, por fin compareció Alexander-Arnold, que rebañó la pelota a Luis Díaz en el último instante, cuando iba a rematar solo ante Lunin. Pasaban menos cosas que en el acto inicial, pero pasaban. Pero sobre todo, se palpaba la tensión.

Y así se llegó a los minutos finales, con los dos equipos a un gol de las semifinales y con miedo a una imprudencia fatal. Todo se iba a decidir en un detalle, en un error fatal, y este fue el de Camavinga, señalado dos veces esta última semana y una tercera en el peor momento: saltó al terreno de juego en el minuto 62 y fue expulsado por doble amonestación en el 87.

Entonces, apareció Luis Díaz. Justo después, en el 87, El colombiano, uno de los menos inspirados del Bayern, se sacó de la chistera un zapatazo desde fuera del área que acabó con todo.

Después Olise cerró la puerta con el 4-3 definitivo y la épica a la que parecía abonada el Real Madrid se desvaneció en dos instantes, en los dio por finiquitada la temporada: adiós a la Copa, adiós a la Liga y adiós a Europa. El equipo de Arbeloa dio la cara, pero tarde.

EL ARSENAL PASA CON LO JUSTO Y SE CITA CON EL ATLÉTICO

El Arsenal, conforme con su racanería y ante un Sporting de Portugal que mereció mucho más, está en semifinales de la Champions por segunda temporada consecutiva. Con muy poco, apenas un gol de Kai Havertz en el tiempo de descuento de la ida, se contentó para eliminar a los lisboetas y citarse en la semifinal contra el Atlético de Madrid.

Mientras en Múnich caían los goles como churros, en Londres, los que seguían ambos encuentros, se preguntaban si estaban presenciado el mismo deporte. Mientras Real Madrid y Bayern de Múnich, entretenían, el Arsenal especulaba y el Sporting pagaba su falta de puntería de cara a portería. Si esto fuera de justicia, los portugueses deberían haber, como mínimo, forzado la prórroga, pero este deporte no entiende de eso.

Un palo, un posible penalti y varias ocasiones que rozaron las redes de David Raya. Son varias las imágenes que los aficionados del Sporting repetirán en sus cabezas junto al pensamiento de "¿qué hubiese pasado si una entrara?". Igual que se lo preguntaron en la ida cuando el portero español sostuvo a su equipo con vida con cuatro intervenciones vitales.

Aquellas paradas tomaron incluso más importancia este miércoles según el Arsenal se iba parapetando atrás, a la espera de que Viktor Gyökeres, impuntual como suele ser habitual en su cita con el gol y torpe en la creación de peligro, y Noni Madueke, el mejor, desatascaron un encuentro que el Arsenal no necesitaba ganar y que se encargó de dejarlo bastante patente.

Los lisboetas, mientras tantos, lamentaban el remate al palo de Geny Catamo cuando moría la primera parte. Y el remate con rosca de Maxi Araújo, bajo el fondo del reloj, que quitó la respiración a los 'Gunners'.

El esfuerzo titánico les duró unos 75 minutos, hasta que se les notó desfondados. Les faltó ese empujón final para forzar una prórroga más que merecida. En el cuarto de hora final, el Arsenal, con ventaja física y mejores cambios, emergió y pudo ganarlo. Dispuso incluso de un tiro a la madera de Leandro Trossard.

Lo cierto es que al Emirates le daba igual. El juego era horrendo, impropio de un cuartofinalista de Champions y candidato al máximo doblete, pero cuando se gana, todo se disculpa. Este Arsenal no juega bien, pero está a tres partidos de ganar su primer título europeo y su primera Champions. En su camino se cruza un Atlético de Madrid que ya les venció en una semifinal europea en 2018, por entonces en la Europa League y cuando este Arsenal no era ganador. Cuando en los últimos recursos de la era Arsene Wenger era el gran perdedor de Inglaterra.

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