Verónica Valencia

QUBITS
La Inteligencia Artificial puede ordenar mensajes, responder preguntas frecuentes y ahorrar tiempo. Pero hay momentos en los que la persona que está del otro lado simplemente quiere hablar con un humano.


Una empresa puede tener 20 años de historia, clientes fieles y un gran producto, pero sí sus propios clientes no saben cómo se llama, todavía hay una historia de marca que contar.


El problema con las redes sociales es que premian aquello que genera conversación, reacción e interacción. Muchas veces una experiencia personal la convierten en una confrontación pública.


Las redes sociales no buscan necesariamente la verdad; buscan atención. Premian lo emocional, lo impactante y aquello que confirma nuestros propios prejuicios.


Que una postura sea ruidosa, viral o aplaudida por la mayoría en redes sociales, no significa que sea la correcta. La verdadera libertad de pensamiento es formar un criterio propio, aunque sea difrente al de la mayoría.


Quizá el mayor riesgo de esta época no sea la existencia de discursos intolerantes. Es creer que, si miles de personas aplauden un ataque, entonces ese ataque deja de ser incorrecto.


Durante años pensamos que el reto era crear campañas cada vez más llamativas. Hoy el verdadero desafío es otro: construir marcas con personalidad suficiente para generar conversaciones auténticas.


No hay estrategia publicitaria, por más brillante que sea, capaz de camuflar la frivolidad de gobernar para el aparador.


No es lo mismo una marca de snacks haciendo memes del partido de futbol, que una firma financiera, un despacho profesional o una aseguradora intentando entrar al trend solo porque “todos lo están haciendo”.


Cuando la comunicación interna queda completamente separada del marketing, empiezan los problemas con el cliente. La solución parece simple que todos entiendan qué está prometiendo la empresa y cómo sostener esa promesa en el día a día.


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