Héctor Reyes

DESDE MI ESCRITORIO
Quizá el verdadero triunfo de esta Selección no sea únicamente haber ganado un partido. Su mayor victoria ha sido recuperar la confianza de una afición.


Los mundiales no sólo se juegan en la cancha. También se juegan en el terreno de los símbolos. Y en ese partido, la ausencia de la presidenta también comunica.


Mientras México busca proyectar liderazgo la imagen que quedó fue la de una presidenta distante del escenario principal y refugiada en espacios controlados por su gobierno.


Durante años, el partido construyó gran parte de su narrativa alrededor del combate a la corrupción y de la promesa de una nueva forma de hacer política. Hoy, esa bandera se encuentra sometida a una dura prueba.


El llamado “pase turístico†del gobierno de Samuel García corre el riesgo de convertirse en un instrumento recaudatorio, discrecional o incluso de hostigamiento para automovilistas foráneos.


El mensaje político de Trump resulta evidente al endurecer las remesas: criminalizar indirectamente a los migrantes y endurecer el discurso antimigratorio rumbo a un nuevo proceso político en Estados Unidos.


Miles de mujeres mexicanas todos los días salen adelante enfrentando dobles y hasta triples jornadas laborales.


El reto no será únicamente mover aficionados durante los partidos, sino hacerlo de manera eficiente en ciudades que cotidianamente se enfrentan a un caos urbano.


Es una prueba de fuego para su administración. Ella debe demostrar que su gobierno no está condicionado por lealtades partidistas, pero también que no cede ante presiones externas sin sustento legal.


No estamos preparados, como seres humanos, para afrontar una situación tan adversa como la pérdida de un hijo. No solo duele: transforma, marca un antes y un después imposible de ignorar.



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